domingo, 29 de septiembre de 2019

Esuela Naval

Estuvo a punto de convertirse en un Zara, en la época más fastidiada de la crisis, cuando la Politécnica debía hacer algo para ingresar dinero y mejorar sus cuentas, en declive profundo. No sé de su situación actual, si sigue en venta o no.
Ya empiezo a estar cansado yo del paseíllo del viernes, con lo que la fatiga debe ser mayúscula entre los que echan un vistazo por aquí. El caso es que, dejando atrás el Baluart del Migdia, me dirigía hacia el Museo de Historia de Catalunya cuando pasé por delante de una puerta abierta, en la fachada posterior de la Escuela Naval. No resistí la tentación y entré un momento.
Había algo así como actividad administrativa de la cosa académica, pues la escuela naval es ahora una facultad de la Politécnica. Se veían los que debían ser funcionarios y alumnos, de ambos sexos. En la gran sala central, alguna pieza museística y mucho cartel. Es ese un espacio muy amplio y luminoso por su cubierta de vidrio, al que le sienta bien la maqueta de esa embarcación a vela de tres mástiles.



Ya en el pequeño vestíbulo, ante la visión de la maqueta de madera, la curiosidad se acrecienta.


La puerta principal, en la Plaça del Palau.

Al fondo, una escalera de esas que quedan bien, muy prácticas, en casa.


La cubierta que da luz al conjunto.
 

Junto a la Estación de Francia

Tras la Estación de Francia, para llegar al pomposamente bautizado como Palau del Mar, la tentación de ver qué depara surge con el ordenado barrio de detrás de la antigua aduana, con su restaurante de fama que nunca probé, su enorme y arbolada plaza, de inusitada soledad dado su emplazamiento al lado de la vorágine con un edificio oficial que resulta ser la sede de Protección Civil, etc.
Pero en esta ocasión, en vez de salir de la zona por lo más conocido (la plaza de Palau), decidí seguir hacía más abajo, dando con un enorme descampado con, en su centro, lo que son los restos del Baluart del Migdia, que debieron ser las ruinas que se encontraron al construir el enorme parking de las relativamente nuevas viviendas blancas que tanto gustaron a Xavier Monteys, edificadas en el solar de la antigua estación de cercanías.
Una regla no escrita asocia este tipo de restos arqueológicos a un potente olor a meados y éstos, pese a no ofrecer refugio alguno para la acción, no son en absoluto excepción a la regla. Una cartela de esas “de la memoria” informa de los hallazgos que, bastante enteros, yacen ahí hundidos en medio de un amplísimo e irregular espacio, sin una mínima sombra para detenerse bajo ella a contemplar el panorama. Será que no se desea dar facilidades a la micción.


Justo saliendo del barrio de Gobernación -o de la Aduana-, la sorpresa de ver ampliarse la perspectiva y la aparición de la base del baluarte.

La cartela. Hay otra en el otro extremo, en peor estado. Hay gente que disfruta pintarrageándolas.

A la derecha, encima del muro rescatado, una artística pintada de las que ya tienden a caracterizar todo el casco antiguo de Barcelona. A la izquierda, dependencias de la Estación de Francia. En medio, la estructura metálica que cubre los andenes y vías.

Detrás de los hierbajos que supongo deben retirar de tanto en tanto para dificultar que se adentren por ahí ratas y demás, una pintada en la pared del parking rivaliza con un ángulo de la muralla por el protagonismo.

Este espacio de nadie medio destartalado debía corresponder a la salida de vías de la Estación de Cercanias.

Lo que fueron instalaciones de la Estación de Francia -a la que estaban unidas por ese puente-, Qué vi en una cartela son utilizadas ahora por Protección Civil y no sé si alguna otra cosa de dependencia estatal.
 

sábado, 28 de septiembre de 2019

La Estación de Francia

Sigo dando la lata con el insospechado paseo del viernes. Tras salir del Born me entraron ganas de entrar a despedir la Estación de Francia en su salsa, con trenes. Me dio la impresión de estar mejor que nunca. Está cuidada, limpia, radiante. Hasta su cafetería, que creo recordar no destacaba especialmente, apetecía.

Vi a este tío calvo dirigirse a la estación y me dije, como si fuera el taxista de mí mismo: “¡Siga a ese hombre!”

El tío cruza el vestíbulo y se dirige hacia los andenes.

Y ahí, este magnífico espectáculo.

Dentro de poco me temo que sólo quedará el recuerdo de los trenes en la maqueta.
Ya saliendo, una curiosidad: ¿estará presentable la cafetería?

Y sí. Ofrece el aspecto de aquellas cafeterías de las grandes, potentes, queridas estaciones de tren
 

viernes, 27 de septiembre de 2019

Paseo inesperado por el casco antiguo


Un ridículo malentendido (he acudido a un acto...que en realidad estaba programado para de aquí a dos meses) me ha dejado en el casco antiguo compuesto y sin novia. Me ha dado pereza volver a casa, porque había quedado para comer por ahí, y he debido reorganizarme ante una larga mañana por delante. Ha sido muy agradable.
Primero he ido a la terraza del museo Marés (primera foto) a re-planificar ese vacío, según como reconfortante. No me ha parecido caro el cortado (1,40 euros), cuando me temía, dado el lugar, lo peor. La oferta museística, limitada: Acabó la exposición que tenía ganas de ver en el Picasso, no me ha atraído demasiado lo del MEAM,... Por suerte, aunque solo por unos días, aún respira Renau en el Born y sigue lo de “Mes enllà de les trincheres” en el MHC. Ya tenía montado recorrido.
Con no demasiada gente, salvo grupos de turistas con guía informándoles de todo tipo de detalles históricos y alguno suelto, sin profesor, he ido de curiosidad en curiosidad.
La primera es que han abierto la puerta lateral del lado montaña de Santa Maria del Mar, mientras que han cerrado -parece- la de la fachada. Seguramente se tratará de intentar regular el flujo de turistas según intereses crematísticos (los del terrado, a pagar por aquí, los otros por ahí), será por lo que sea, pero el caso es que creo que no había visto nunca abierta esa puerta y la iglesia sigue ofreciendo una visión triunfal, emocionante, se penetre en ella por dónde se penetre. O bueno: también de ese lado (fotos 2, 3 y 4). Y, saliendo de nuevo a la calle, que Casa Gispert (foto 5 y última por el momento) sigue siendo, aún sin clientes, otro precioso templo, aunque sea de los frutos secos.
(Continuará)





 

lunes, 23 de septiembre de 2019

En las Festas de la Mercè


¡Qué quieres que te diga! A mí eso me parece concentracionario. Es decir: propio de campo de concentración. Fue ayer por la mañana. Nos acercábamos caminando con, como objetivo, llegar al MNAC. Aun no me había enterado de algo que iba a ponerme aun más contento: que, supongo debido a las fiestas de la Mercè que organizan entre otras cosas lo de las imágenes, la mayoría de las escaleras mecánicas que llevan hasta el museo estaban paradas.
Llegando junto al edificio de Las Arenas empiezo a ver unas vallas y a oír un sonido como de altavoces que empezaron a ponerme nervioso, sospechando que iba hacia una encerrona. En lo último que ha salido en “La Charca Literaria” escrito por mí lo cuento: me pone a morir oír a esa gente que abusa del altavoz. Locutores que exigen un aplauso para los esforzados corredores de maratón o, como en este caso descubrí al llegar a la Avenida María Cristina, instructores de Zumba (una variante de gimnasia, parece, que acompañada de música infame hace mover el cuerpo a gente de todas las edades), dando grititos rítmicos desde la tarima.
Pues hay, como se ve, quien se presta a eso y hasta de buen grado. Supongo que una marca comercial repartió esas horribles camisetas y ¡venga! Ni que me paguen por ello me pondría yo una, ni que alcanzasen grandes sumas en la oferta obedecería a la energúmena que llevaba por el altavoz el cotarro. Ahí pude sentir, concentrada, lo que resulta para mí una auténtica tortura física, visual y auditiva.
¡Ah! También olfativa: un hedor penetrante a meados salía no sólo de la decena de cabinas para defecar y mear alquiladas y colocadas por el Ayuntamiento en la acera de paso, sino también, como alfombra refrescante, de todo su pavimento. Ahí, barrada la huida lateral por las vallas y el ejército de esa especie de secta evolucionando, envueltos quieras que no por el pachín pachán ensordecedor emitido atronante por los altavoces, solo quedaba acelerar el paso...hasta llegar a las escaleras que no funcionaban.
Quiero creer que no todo lo organizado para las fiestas debe ser así. Por la noche parece que hubo por algún lado el concierto de despedida de los escenarios de Pascal Comelade que, según los titulares de El Periódico, resultó majestuoso.


 

sábado, 31 de agosto de 2019

La Totora



"Lo sentimos, de momento estamos completos, por favor, póngase en contacto con nosotros por email o teléfono".
Esto es todo lo que se logra obtener, en sentido negativo, en la web del restaurante peruano Totora. Aparece este letrero si intentas hacer una reserva. Por lo demás, todo sigue como tal cosa: la página te habla de su historia, sus platos, ofrece fotografías atractivas e incluso su blog tiene entradas sobre lo que parece tienen intención de hacer en septiembre. Google, que no se entera, dice que ahora, tan de mañana, está cerrado, pero que lo tendrás abierto este mediodía. Y Tripadvisor, que sí suele actualizar su página (yo la suelo utilizar, al margen de la propia web del establecimiento, cuando organizó un viaje) aparenta una normalidad completa.
Y, sin embargo, a primeros de agosto, en una ronda por restaurantes de menú semanal, me acerqué a verlo y me encontré con el texto en la puerta, que finalmente he encontrado también ahora en su página de Facebook, junto a una larguísima y lastimera retahíla de comentarios señalando sus clientes la pena que les embarga, pero sin ofrecer ninguna información adicional a la del texto.
Traigo esto aquí con un motivo doble:
-Dar pie a polémicas sobre lo inseguro que es todo el mundo virtual, que hace que te la pegues estrepitosamente si confías en él.
-Preguntar a ver si alguien tiene pajolera idea de qué ha pasado realmente para que el ayuntamiento "los haya tratado tan mal". Supongo que será cuestión de permisos, pero apunto hacia alguna infracción en materia de seguridad no reparado o muy costoso de reparar o así.
El texto en cuestión, debajo de la raya. ¡Ah! El restaurante era realmente espacioso, bonito, agradable y sabroso.
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Estimados clientes,
Lamentamos comunicarles que a pesar de todo nuestro esfuerzo y duro trabajo en las últimas semanas, nos será imposible volver a estar con ustedes. Totora, cerrará definitivamente sus puertas pues el daño generado por la medida del ayuntamiento no nos permite continuar.
No queremos marcharnos sin antes agradecerles el tiempo en que hemos sido depositarios de vuestra confianza y preferencia. Agradecerles el tiempo en que nos han acompañado en esta aventura, en esta idea, en este sueño que era Totora.
Sueño que vemos truncado debido a una aplicación de la ley que consideramos injusta y desproporcionada por parte del ayuntamiento de Barcelona.
Nos vamos con pena, con una profunda tristeza, pero orgullosos de haber sido gracias a vuestra elección, el mejor restaurante de comida peruana en Barcelona.
Nos vamos orgullosos por ese arduo trabajo hecho día a día y que nos daba el placer de ser de vuestra elección...
Y eso fue y será siempre, nuestra mayor satisfacción.
Gracias por las muestras de apoyo, ánimo y respeto brindadas en estos momentos difíciles para todas las familias que conformaban el equipo de Totora.
A ustedes nuestros clientes, nuestra motivación...
Gracias Totales!!!
El Equipo de Totora.
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Como mi foto (sacada en junio) no era como para dar saltos de alegría, he añadido otras de la web del restaurante, que, supongo que convenientemente retocadas, dan una impresión más cercana a la que se obtenía entrando en él.




 

jueves, 29 de agosto de 2019

El AFB


Seré -¿cómo no?- contradictorio. Por una serie de motivos que se dan de patadas entre sí, habitualmente la sala del Arxiu Fotogràfic de Barcelona resulta ser para mí una de las opciones más atractivas a la hora de escoger una exposición de la ciudad. Ahí va la relación con alguno de los motivos para esta aseveración.
-Está especializada en fotografía (preferencia personal)
-Trabaja siempre con material propio y hay que saber que el AFB posee un ingente depósito de fotografías sobre la ciudad, gran parte del mismo muy desconocido.
-Tiran normalmente para sus exposiciones nuevas copias de las fotografías, a buen tamaño, con una nitidez impresionante.
-Todas sus exposiciones son de acceso gratuito.
-Pese a lo anterior y a hallarse en una zona de la ciudad invadida por el turismo, mientras que si estuviéramos en un París o en una exposición de Caixaforum -pongamos por caso- sus exposiciones se tendrían que ver en horas extremas para evitar la marabunta, en general en la sala del segundo piso del convento de Sant Agustí suelen poder verse sin apenas nadie.
Mi contradicción está ahí: Me deprimo por la poca respuesta de los barceloneses a las propuestas del AFB, al tiempo que me congratulo de que sea así, porque eso permite verlas con suma tranquilidad.
Un ejemplo de lo que digo lo tenemos en la exposición actual, “La ciutat dels passatges”, un título equívoco que intenta aclararse con el subtítulo “Abans de la Via Laietana”. Son fotografías -una buena parte de ellas con ampliaciones que permiten disfrutar de todos sus detalles- de una nómina de fotógrafos (Adolf Mas, Joan F. Rovira, Carles Passos, Narcís Cuyàs, Josep Pons Escrigas, Miquel Matorrodona y unos cuantos anónimos) de los que sólo me suenan un par, que no es que retrataran pasajes de la ciudad, aunque sí hubiera alguno entre las zonas de la ciudad medieval derruida para la construcción de la Vía Laietana.
Sacadas, pues, a inicios del siglo XX, cuando esos pasajes, calles y plazas ya estaban condenados pero mantenían aún una increíble vida, esas fotografías permiten hacerse una idea muy precisa del tipo de paisaje y paisanaje que presidía esos espacios. En ellas vemos edificios con historia, complejas estructuras urbanas, elementos de las casas ya hoy no empleados (como esas tablas sobre balcones y puertas con un gozne que permitía abatir un poco su parte superior y que el otro día nos preguntábamos por aquí para que se utilizaban), gloriosas tiendas y talleres, letreros, anuncios, pavimentos y, sobre todo, una nutrida fauna animal y sobre todo humana: Mujeres en sus portales, cantidad de hombres y púberes con su bata o mandil de faena, niños no escolarizados y hasta algún transeúnte de postín, todos ellos posando para la eternidad. Algún niño y hasta algún adulto seguramente no siguió la advertencia del fotógrafo de que se mantuviera quieto y aparece movido o con la consistencia de un fantasma, mucho más evidente de lo que, queramos o no, todos son ya hoy para nosotros.
Está previsto que esta exposición dure hasta el 31 de octubre.

No es nada fácil orientarse sobre las localizaciones de cada fotografía, puesto que son todas ellas de sitios desaparecidos. Ésta corresponde -según su cartela- a la calle Argenteria. Por ella deducimos que la calle adquirió su carácter casi recto, hacia Santa Maria del Mar, por amputación de su cabecera. Los edificios de la derecha deben formar parte ahora del enorme edificio de Comisiones Obreras y la CNT...

Obsérvese el señor de la acera de la izquierda con un capacho en la cabeza o éste de los bigotes semiescondido en el umbral, detrás de esas tres señoras.


La señora que asoma desde el interior de su tienda parece de cartón. El niño del bordillo ha hecho caso al fotógrafo y se mantiene firmes, mientras que su compañero, más listo o conocedor del tiempo que lleva todo eso, se apoya en la fachada de la casa.
 

Pintada

Una pintada de esas "clandestinas" concertadas por el propietario del negocio con el grafitero/artista pintor.