Estuvo a punto de convertirse en un Zara, en la época más fastidiada de la crisis, cuando la Politécnica debía hacer algo para ingresar dinero y mejorar sus cuentas, en declive profundo. No sé de su situación actual, si sigue en venta o no.
Ya empiezo a estar cansado yo del paseíllo del viernes, con lo que la fatiga debe ser mayúscula entre los que echan un vistazo por aquí. El caso es que, dejando atrás el Baluart del Migdia, me dirigía hacia el Museo de Historia de Catalunya cuando pasé por delante de una puerta abierta, en la fachada posterior de la Escuela Naval. No resistí la tentación y entré un momento.
Había algo así como actividad administrativa de la cosa académica, pues la escuela naval es ahora una facultad de la Politécnica. Se veían los que debían ser funcionarios y alumnos, de ambos sexos. En la gran sala central, alguna pieza museística y mucho cartel. Es ese un espacio muy amplio y luminoso por su cubierta de vidrio, al que le sienta bien la maqueta de esa embarcación a vela de tres mástiles.
Ya en el pequeño vestíbulo, ante la visión de la maqueta de madera, la curiosidad se acrecienta.
La puerta principal, en la Plaça del Palau.
Al fondo, una escalera de esas que quedan bien, muy prácticas, en casa.
La cubierta que da luz al conjunto.






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