Tan intrigado estaba siempre mirando desde abajo su serie de árboles y pensando cómo sería la parte superior del baluarte de Santa Madrona por dentro, que hoy, en que por fin hemos podido acceder a sus jardines (los abren el primer y tercer domingo de cada mes), ha sido difícil no ocultar una cierta decepción.
No es sólo por los edificios que lo rodean, horrorosos y en reconstrucción los de sus dos bandas, ni por cierta dejadez general. Se puede ver aproximadamente la mitad de lo que suponía, pues todo lo que corona la parte más cercana al mar del paño de muralla conservado está cerrado al público, reservado para un taller y la colonia de gatos que un cartel señala que no se alimenten, pues ya están cuidados en éste y otros sentidos por no recuerdo qué sociedad animalista.
Me parece que era cosa de hoy, pero por imágenes de ellos que había visto deben repetirlo con cierta frecuencia: unos nostálgicos de la soldadesca catalana, disfrazados convenientemente, iban a representar a eso de las 12h una especie de cambio de guardia.
El paño de muralla medieval superviviente, junto al Portal de Santa Madrona. Y la intriga eterna sobre esos árboles de arriba.
Accediendo a la puerta.
Casi lo mejor: la rampa adoquinada de acceso.
Poniendo la tableta entre la reja de la puerta que cierra el paso a esta zona.
La reja cerrada
Esta casa se ve que había sido durante un tiempo una guardería.
































