jueves, 20 de agosto de 2026

Fiestas de Gràcia

La entrada (y por el otro lado salida) de la calle Mozart.


Diré que, yendo a contracorriente, no me gusta Gracia, y menos durante sus fiestas, en que el forrado de tantas calles y la afluencia de tanta gente acentúa el agobio y el bochorno, ya fuerte por tratarse de unas calles estrechas y regulares, por las que no suele correr el aire. El nieto de unos amigos le dijo esta semana a su padre, que le había llevado a ver los muñecos con los que engalanan sus calles que se fueran rápido de ahí, que olía mucho a meados…
Preciso: me gustaba el Gracia artesanal de por los años 60, donde encontrar aquella pieza o remedo para algo que se había hecho necesario reparar, en un mundo en que todo se reciclaba. Luego fueron desapareciendo paulatinamente sus talleres y en su llegar fueron apareciendo otros ocupantes, que obedecían en general al perfil de pequeñísimos inversores con la esperanza de poder montar con su afición un pequeño negocio que, inexorablemente, al poco tiempo se hundía, para dar paso a otra ilusión. Eso y una enorme afluencia de gente a tomar algo o estar en un barrio “tan auténtico”.
Lo bueno que tienen las calles adornadas para las fiestas de agosto es que son producto de la ilusión y trabajo de un grupo de vecinos que le echan horas y esfuerzo durante mucho tiempo, con exceso brutal los últimos tres días finales, porque nunca llegan sobrados.
Lo malo, que, visto el éxito de asistencia y hasta de miradas admiradas que tienen en un mes en el que Barcelona se queda sin propuestas para salir de casa, esos mismos se lo lleguen a creer y se vean como unos artistas de una enorme inventiva que da como resultado unas obras de gran acabado formal.
Esta mañana, a primera hora, esa en que gente de tercera edad recorre llamada por la curiosidad las calles adornadas, retratándose con el móvil hasta el infinito, hemos atravesado el barrio en dos direcciones, en pos de un recado, intentando pasar por unas cuantas de ellas.
La impresión general que he sacado de las diez o doce vistas es -lo siento- la de corroborar la que ya tenia del fenómeno. Sí que se ve esfuerzo vecinal detrás, pero también las limitaciones estéticas que los mortales solemos tener para ejercer de lo que no somos, esto es: de artistas.
Parece que gusta, en general, la aparatosidad, y muchas centran su éxito en ella. Eso produce un batiburrillo de colores y formas que al menos a mí, personalmente, me producen desasosiego y ganas de escapar de ahí. Por el contrario, creo que las propuestas que resultan mejor son aquellas, más modestas, en las que se busca la regularidad y la constancia de la misma cosa. Eso da, me parece, buenos resultados sobre todo en ciertos adornos siempre iguales, multiplicados, colgados de cables que sobrevuelan las calles.
Algún otro año que también había recorrido alguna de esas calles también acababa despotricando por su tendencia en cuanto a temas escogidos. ¿Es que no hay ningún tema de cultura propia, de la de aquí y ahora -o si la hay ha de ser de lo más “carrinclona”-? ¿Es que si se ofrece una idea no acomodaticia sobre él aquí y ahora, ha de ser expuesta con tan mala pata, demostrando el coraje con el que se hace y dejando tan mal sabor de boca?
Otros años se veían calles adornadas de motivos hechos populares por el cine… norteamericano, como el western. Este año, varias calles de la parte más baja del barrio se han aliado para atacar todas ellas otro tema que nos ofrece un reflejo certero de nuestro mundo local: todas sacan a los personajes de “El Señor de los Anillos”…
En la otra línea, y sorteando una calle que parecía olvidarse de otras ideas para únicamente recibir con exabruptos que avisaban de su marcado y combativo nacionalismo extremo, en la plaza de la campana destacaban revoloteando unas enormes moscas, muy bien elaboradas, … que iban en pos de unos grandes y enrollados cagarros. Se podría decir que querían recoger la culta tradición del caganer, pero la superaban con papel de water gigante y otros motivos escatológicos, del buen gusto que nos caracteriza.
Pongo unas cuantas fotos de lo que me ha resultado mejor.


Interior del tramo adornado de la calle Mozart.

Me ha gustado la ocurrencia de titular Floridència el portal de entrada al tramo adornado de la calle Providencia, si bien su interior, flores artificiales de todos los colores repele como la estética de un “Todo a cien” (o como se llamen ahora) chino.

Estas tramas uniformes de las que hablaba. En este caso,a base de peces cubriendo las cabezas de los visitantes, en esa interpretación del batiscafo de Antonia Font.



Las medusas de la calle Joan Blanques.

Estos árboles se convierten, después de dar el pego como tales, en árboles que caminan, en una de las escenografías para El señor de los anillos.


Columnas de algo también de El señor de los anillos.

También hemos paseado, claro, por la Travessía de Sant Antoni, en cuya decoración intervino una hija. Será amor de padre, pero es verdad que en esta ocasión le hemos apreciado eso de modestia, centrándose en cosas sencillas y regularidad de efectos. Cosa que no habían seguido años anteriores…




No habían sólo de decidir qué hacer, sino pensar en que pudiera se modular, extensible según la fuerza existente para crear las piezas, y cómo hacerlos. En este caso hemos visto que las hojas de la planta parten de medias que han recibido un tratamiento para darles una cierta solidez.



La persona del bar de al lado de la entrada al tramo decorado de la calle lo tenia claro, pero se ve que los que otorgan los premios no, porque les han dado el orden 17 de 23 en los premios.

Cosa que, viendo la colocación invertida del cartel en la casita/bar no ha debido sentar del todo bien a los currantes… 🙂

 

sábado, 15 de agosto de 2026

Fiestas de Gràcia en la Travessera de Sant Antoni



Hace unos años una hija mía, para bien o para mal, fue a vivir al barrio de Gracia. Buscaban un sitio donde vivir que no se llevara más de la mitad de sus ingresos por su trabajo, y fueron a parar a un remonte algo inestable que recuerda, en cierto modo, la vivienda de Mr. Hulot en “Mi tío”, pero sin aquella tan agradable placita a sus pies.
Ya viviendo ahí, sólo les faltaba hacerse de una de esas asociaciones de vecinos que trabajan todo el año -y sobre todo los tres últimos días- para dejar la calle de la asociación disfrazada cara a las fiestas del barrio. Y fueron y eso es lo que hicieron, de modo que fines de semana o alguna tarde las hipotecaron con discusiones sin fin sobre qué iban a hacer y, luego, a fabricar flores de buganvilla y cosas así.
Esta mañana a las 8h -como pasa el día de Sant Medir- unas salvas de cañonazos acabaron por hacerme levantar. Empezaba el periodo de las fiestas de Gràcia, que llenarán estos acalorados días sus calles de gente hasta decir basta, consumo de cervezas y meadas incontroladas, a las que no ven cómo poner freno.
Para la Travessia de Sant Antoni pensaron este año, según me dijo, un proyecto que se quedó encallado a media pista de lanzamiento. Debieron entonces volver al trabajo desde cero y acordaron hacer “algo sencillo, que dé sombra y haga agradable el paseo, y del que podamos hacer más o menos, en función de la fuerza de trabajo voluntaria que se presente”. Ni que decir tiene que -ayer me lo confesaba- al final han trabajado más que nunca, pero sí luce curioso el resultado, que es simplemente el recorrido desde la verja exterior de una granja hasta la masía.
De lo que se sienten más orgullosos es de la misma verja, que da el pego. Me explicó que un chico se estrelló el otro día contra ella cuando la estaban montando, y se le cayó encima. Un hombre que pasaba por ahí, viendo cómo se le vencía con todo su peso hacia él, acudió rápido a rescatarlo, y el mismo chico, con cara de asombro, acabó diciendo “¡Pero si no pesa nada!”. Y es que es de poliespán pintado, y el efecto de óxidado y todo lo demás retoques con diversos pigmentos adicionales.












 

lunes, 20 de julio de 2026

La Modelo


El sábado, y era pronto por la mañana, hacía calor por la calle… y una humedad asquerosa dentro de la Modelo, donde fui a ver la exposición “¿Después de Franco, qué?”, que ocupaba las galerías 4 y 5 de la antigua prisión. No voy a hablar de la exposición, porque su entrada estuvo abierta sólo hasta ayer domingo y pasé por ella muy rápido, debido a que todas esas noticias de actualidad de la transición las viví y las he ido rememorado ya mucho y porque esa enganchosa humedad y el malestar asociado al entorno es gordo. Voy a otra cosa.
Hace ya casi diez años que sé vació de presos el edificio de la Modelo. Salí al patio exterior y pude comprobar lo rápido que van las obras… (Es ironía).
Cuando se reforme no tendrás la misma sensación casi presencial de todo ese mundo, cutre, sucio y desalmado, que se te clava como un puñal en su estado actual. Pero, con el dinero que se gasta el ayuntamiento en cosas totalmente superfluas, no es de recibo este desinterés en ir avanzando con paso firme en lo que tiene entre manos de menos florituras que lo que sí emprende de forma despreocupada.







Los locutorios

Y alguna de las cabinas.


En la sala de paquetería, un recuerdo al último ejecutado en el Centro Penitenciario, Salvador Puig Antich.

 

sábado, 18 de julio de 2026

Barcelona 2035. Una ciutat per viure-hi


Camino de la cárcel paso esta mañana delante de la Gustavo Gili y, como veo que coincide con la hora de su apertura, paso a dar una ojeada.
Entro primero en el anexo, en lo que debió ser en su día el edifico de los talleres de edición o almacenes, donde se anuncia la exposición “Barcelona 2035. Una ciutat per viure-hi” que estará ahí, la Casa de la Arquitectura de la Capital Mundial de la Arquitectura, nada menos que hasta el 15 de diciembre.
Ahí constan, rodeados por unos muros con enormes letras de esas de grafismo moderno prepotente que si te molestas en intentar leer no dicen nada sino frases grandilocuentes, planos muy pulidos y coloreados y audiovisuales hechos con inteligencia artificial, totalmente idealizados, de todos los proyectos de esos que se plantean para cuando ya no estemos por aquí.
Eso, en principio, podría ser de gran interés, aunque el olfato de Oriol Nel.lo ya me había dado a conocer y ver discusiones sobre buena parte de ellos. Pero obsérvese que he puesto la palabra “Idealizados”. Son planos y vídeos que presentan las cosas como desde luego no están ahora y como seguramente no serán nunca, con personajes artificiales paseando entre perfumados jardines y disfrutando de la vida.
Unos planos, además, que sólo ofrecen grandes líneas, oscureciendo todos los aspectos oscuros o complejos de los proyectos, de los que te quedas en ascuas.
Eso sí, repletos hasta hacer entrar nauseas de ese lenguaje empalagoso que solo trasmite mensajes positivos, adaptación de los conceptos guay del momento y demás.
Con decir -es sólo un ejemplo- que a la incineradora de basuras le llaman, buscando ese sentido positivo que digo, “Planta Integral de Valoración de Residuos”.
He pasado entonces al edificio principal que, eso sí, sigue siendo precioso, aunque ahora, vaciado de contenido, luce algo tristón. No lo hubiera hecho… Al menos en el edificio auxiliar había buena refrigeración, que no existe en este. Y para no ver nada: una aséptica maqueta blanca cubre toda la planta baja, y en el piso superior hay algún vídeo más con enunciados de conceptos de esos de valores a buscar y un par de raras piezas con cosillas metafóricas que no he querido desentrañar.
Había varios lavabos que no he utilizado. Debiera haberlo hecho.







 

jueves, 16 de julio de 2026

Entre la porquería depositada o lanzada


Ayer tuve que pasar por la Vía Laietana y la Plaza Catalunya. Especialmente en la primera, con un bochorno envolvente de lo más pegajoso, se veía gente para dar y vender, como nunca, en ambas direcciones: a lo mejor se apresuraban para poder ver, cada uno en su rincón, el partido del mundial.
En la acera mar de la Plaza Catalunya, también con vallas para proteger el material de las obras de las Ramblas, en donde estuvo la Maison Dorée, donde luego se instaló la Banca Arnús, después de la guerra el Banco Central y luego una serie de almacenes, algunos de propiedad del grupo de El Corte Inglés, hay ahora unos de la marca Primark.
No tengo el gusto de conocer a este Primark. Ayer entraba y salía gente de ellos, por las puertas vecinas a los escaparates que fotografié. Nadie parecía afectado por el estado en que se encontraba todo ese frente. Como se ve, incluso había quien se paraba y hasta se sentaba en miedo de la porquería.
Girando la esquina, bajando por las Ramblas en medio de esas obras que las presentan con su mejor cara, confirmé lo que por la mañana me habían explicado. El nuevo pavimento rosado de la calzada y paseo está ya lleno de manchas y chorretes negros, resultado de las guarrerías que se les caen (o que expulsan de sí) los que por ahí transitan.
El partido ya debía ha haber empezado o faltaba poco, porque la densidad peatonal había descendido mucho. En el fondo era una buena oportunidad para reconocer las bellezas y buen ambiente de este paseo de fama mundial.
Vamos bien. Y, a lo mejor, hasta cae el campeonato del mundo.



 

sábado, 27 de junio de 2026

Terrado del Avenida Palace


Y ahora sí acabo la serie con fotos del terrado del mismo hotel, el Avenida Palace.
Las vistas están muy bien, pero pega el sol de forma inmisericorde -lo que es muy fastidioso en verano salvo para unas pocas y sacrificadas turistas- y no es un sitio agradable para estar. Si alguien conoce algún otro terrado de hotel que no tenga estos dos inconvenientes, le agradecería la confidencia, abiertamente o, si no quiere divulgarlo en exceso, de forma privada.









 

Fiestas de Gràcia

La entrada (y por el otro lado salida) de la calle Mozart. Diré que, yendo a contracorriente, no me gusta Gracia, y menos durante sus fiesta...