El sábado, y era pronto por la mañana, hacía calor por la calle… y una humedad asquerosa dentro de la Modelo, donde fui a ver la exposición “¿Después de Franco, qué?”, que ocupaba las galerías 4 y 5 de la antigua prisión. No voy a hablar de la exposición, porque su entrada estuvo abierta sólo hasta ayer domingo y pasé por ella muy rápido, debido a que todas esas noticias de actualidad de la transición las viví y las he ido rememorado ya mucho y porque esa enganchosa humedad y el malestar asociado al entorno es gordo. Voy a otra cosa.
Hace ya casi diez años que sé vació de presos el edificio de la Modelo. Salí al patio exterior y pude comprobar lo rápido que van las obras… (Es ironía).
Cuando se reforme no tendrás la misma sensación casi presencial de todo ese mundo, cutre, sucio y desalmado, que se te clava como un puñal en su estado actual. Pero, con el dinero que se gasta el ayuntamiento en cosas totalmente superfluas, no es de recibo este desinterés en ir avanzando con paso firme en lo que tiene entre manos de menos florituras que lo que sí emprende de forma despreocupada.
Los locutorios
Y alguna de las cabinas.
En la sala de paquetería, un recuerdo al último ejecutado en el Centro Penitenciario, Salvador Puig Antich.


















































