¡Qué quieres que te diga! A mí eso me parece concentracionario. Es decir: propio de campo de concentración. Fue ayer por la mañana. Nos acercábamos caminando con, como objetivo, llegar al MNAC. Aun no me había enterado de algo que iba a ponerme aun más contento: que, supongo debido a las fiestas de la Mercè que organizan entre otras cosas lo de las imágenes, la mayoría de las escaleras mecánicas que llevan hasta el museo estaban paradas.
Llegando junto al edificio de Las Arenas empiezo a ver unas vallas y a oír un sonido como de altavoces que empezaron a ponerme nervioso, sospechando que iba hacia una encerrona. En lo último que ha salido en “La Charca Literaria” escrito por mí lo cuento: me pone a morir oír a esa gente que abusa del altavoz. Locutores que exigen un aplauso para los esforzados corredores de maratón o, como en este caso descubrí al llegar a la Avenida María Cristina, instructores de Zumba (una variante de gimnasia, parece, que acompañada de música infame hace mover el cuerpo a gente de todas las edades), dando grititos rítmicos desde la tarima.
Pues hay, como se ve, quien se presta a eso y hasta de buen grado. Supongo que una marca comercial repartió esas horribles camisetas y ¡venga! Ni que me paguen por ello me pondría yo una, ni que alcanzasen grandes sumas en la oferta obedecería a la energúmena que llevaba por el altavoz el cotarro. Ahí pude sentir, concentrada, lo que resulta para mí una auténtica tortura física, visual y auditiva.
¡Ah! También olfativa: un hedor penetrante a meados salía no sólo de la decena de cabinas para defecar y mear alquiladas y colocadas por el Ayuntamiento en la acera de paso, sino también, como alfombra refrescante, de todo su pavimento. Ahí, barrada la huida lateral por las vallas y el ejército de esa especie de secta evolucionando, envueltos quieras que no por el pachín pachán ensordecedor emitido atronante por los altavoces, solo quedaba acelerar el paso...hasta llegar a las escaleras que no funcionaban.
Quiero creer que no todo lo organizado para las fiestas debe ser así. Por la noche parece que hubo por algún lado el concierto de despedida de los escenarios de Pascal Comelade que, según los titulares de El Periódico, resultó majestuoso.


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