El ahogo. En esta casita, que entonces me parecía modesta y hoy de un lujo asiático, vivía mi profesora de tercer grado (eso es, de cuando yo tenía ocho años).
lunes, 31 de agosto de 2020
sábado, 29 de agosto de 2020
jueves, 27 de agosto de 2020
La Casa Monegal
¿Alguien sabe de quién era -o es- esta casa? En su límite por calle Padua tenía al menos una, pero creo que más de una, pistas de tenis, que quedaron abandonadas. Cerradas las puertas para carruajes de la calle Berna, la única entrada debe ser por calle Ballester. Toda la carpintería de persianas y demás se ve muy deteriorada, pero partes del jardín, según curioseé con la foto, reciben atención.
Entrada al jardín de la calle Berna.
Desde la verja, el jardín.
La casa, fachada Ballester. La fachada principal da, naturalmente, al jardín.
Verja de entrada por Ballester.
Y foto desde la verja de Ballester.
La verja de la calle Ballester. La siguiente casa es la Fundació Rocamora.
miércoles, 26 de agosto de 2020
Casa Tusquelles
De niños, sin ese telón de fondo de ladrillo, llamábamos a esta finca “la casa de la bruja”. No es que estuviera tan ruinosa como ahora, pero a nuestros ojos infantiles nos aparecía, detrás de la verja y de su entonces selvática vegetación, muy, muy vieja. Y la vejez, se diga lo que se diga, intranquiliza durante la infancia.
Subiendo la calle Vallirana, llegar a su altura significaba superar un cierto repechón. La calle se cerraba arriba, en Ballester, con una “torre” a la que llamábamos -por razones fáciles de entender- “la casa de las mimosas”. En ese punto tenías una doble opción, de enorme contraste: al fondo, las luminosas mimosas que, extendidas por un voluminoso frente (su árbol era enorme y el primero en anunciar al barrio la primavera), atraían desde lejos; al lado, el sombrío y enigmático caserón en su vallado recinto.
La casa de las mimosas, después de haber ofrecido un último acto de servicio haciendo de escenario para la película “Mi profesora particular” (Jaime Camino, 1973), fue derribada y sustituida por una anodina casa (como pasó con tantas del barrio), desde cuyo extremo hice ayer la primera fotografía que ahora cuelgo.
En la última fotografía una placa informa a quien tenga curiosidad que esa amalgama de extrañas formas, bastante maltrechas, corresponden a la Casa Tosquella, de 1907, bien de interés artístico, por lo que está protegida.
La hizo un arquitecto, Eduard María Balcells, que inundó de edificios modernistas el municipio de Cerdanyola del Vallés, la mayoría de ellos, lamentablemente, total o casi totalmente destruidos hoy en día.
Como vecino entonces de ese barrio, pues vivía sólo una manzana más abajo, pude seguir primero el brutal tajo que supuso la apertura de La Ronda de General Mitre, luego -y eso fue mucho peor- la barrera de cemento que surgió tras el derribo y construcción en sus márgenes, completando los elevados edificios pioneros que habían surgido muchos años antes de la ejecución del proyecto.
Recuerdo, aunque en nebulosa, las protestas para intentar la conservación de la casa (al igual que algún pleito surgido con otro edificio de más hacia plaza Lesseps) y, sobre todo, la incomprensión de muchísima gente ante esa estrafalaria idea de querer conservar una casa tan vieja, que estaba literalmente cayéndose, en vez de hacer en su espacio un moderno y alto, bien reluciente, edificio.
Como se ve, hay gente que no sale nunca de sus entendederas de niño y se diría que la falta de conservación de la casa, ofreciendo tan triste aspecto, esté hecha a posta para contentar a tanta gente de imperecedero espíritu infantil.
martes, 25 de agosto de 2020
Calle Princesa
La placa -de 1997- indica que precisamente en esa casa nació -en 1861- Santiago Rusiñol.
Saqué la foto ayer a eso de las 12h. Lo único que aparentaba vida -aunque tampoco es que ofreciera muy buen aspecto- era la paloma del balcón.
sábado, 15 de agosto de 2020
Set Portes
Lo cierto es que cada vez que paso por ahí suelo mirar, detenerme un poco y, la mayor parte de las veces -como ésta-, sacar la tableta, encuadrar y hacerle una fotografía.
No me había fijado en lo de los billares, que no sabía había tenido.
viernes, 14 de agosto de 2020
Brunells
De tanto en tanto, das con algún espejismo. En Princesa esquina Montcada han hecho una reforma de Brunells, una pastelería de esas de toda la vida (me pareció leer que apareció alrededor de 1950), conservando sus rasgos esenciales y, conectada, en su espacio trasero, han montado una cafetería supermoderna, que tiene muy buena pinta, a la que se entra por la calle Montcada. Por si fuera poco, en el local contiguo ha salido una pequeña sucursal de La Manual Alpargatera.
Con buena parte de los establecimientos del barrio cerrados, ese notorio espejismo de esa esquina te sacude por un momento, tontamente, la cabeza. ¿Y si en vez de tanto clon buscando el dinero rápido a base del consumo de unos adocenados turistas (que además ahora han dejado de venir) se apostara por atraer y dar servicio a la gente de la ciudad? ¿Estaríamos aún a tiempo de revertir el proceso y que acudiera la gente de la ciudad y, de paso, la de otros sitios que quiere ver ciudades vivas?
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