De tanto en tanto, das con algún espejismo. En Princesa esquina Montcada han hecho una reforma de Brunells, una pastelería de esas de toda la vida (me pareció leer que apareció alrededor de 1950), conservando sus rasgos esenciales y, conectada, en su espacio trasero, han montado una cafetería supermoderna, que tiene muy buena pinta, a la que se entra por la calle Montcada. Por si fuera poco, en el local contiguo ha salido una pequeña sucursal de La Manual Alpargatera.
Con buena parte de los establecimientos del barrio cerrados, ese notorio espejismo de esa esquina te sacude por un momento, tontamente, la cabeza. ¿Y si en vez de tanto clon buscando el dinero rápido a base del consumo de unos adocenados turistas (que además ahora han dejado de venir) se apostara por atraer y dar servicio a la gente de la ciudad? ¿Estaríamos aún a tiempo de revertir el proceso y que acudiera la gente de la ciudad y, de paso, la de otros sitios que quiere ver ciudades vivas?

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