Puesto que estoy en la serie esa de bibliotecas de las maravillas, no podía faltar “la mía”, la Centelles, de la c/ Urgell.
Si no existiera habría que inventarla.
La cafetería de La Central de calle Mallorca. Cada vez que paso por ahí no puedo resistirme a contemplar el efecto de esa enorme vitrina.
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