Se me escapó la última jornada de puertas abiertas, y no pude curiosear este palacio barcelonés. Por eso, al ver que era uno de los sitios que abría sus puertas ayer, por la jornada de Corpus Christi, me dirigí rápido hacia ahí. Quizás fueron las espectativas acumuladas las que hicieron que me decepcionara un poco. El caserón ha sufrido muchas alteraciones con el tiempo, por un lado. Por otro, me había imaginado un interior lleno de tesoros semiocultos y no hay en absoluto nada de ello.
El patio del palacio, aunque muchas de sus piezas son relativamente recientes. Un amigo me dijo que había asistido en una ocasión a un concierto en él. Debe sonar bien la música en un emplazamiento así.
El relieve renacentista que encuadra el escudo familiar.
Las huellas de una puerta que han encontrado hace unos años, en la última reforma.
El interior, muy anodino, presenta un par de salas grandes, con la parafernalia en forma de muebles aparatosos que suele revestir estos espacios.
Los arcos de la escalera.
Un inquietante animal, con cuerpo de felino, escamas en el pecho, cuernos, alas.
Relieves de una ventana de las más retocadas del patio.
Parte de la base del relieve del escudo.
Este relieve sí debe ser original.
Y hace juego con este otro.
León de penetrante mirada...











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