El otro motivo por el que merece la pena ir hasta el Tibidabo: para recordar sus autómatas. Aunque los hay que te dejan entre la inquietud y la tristeza.
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Pintada
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Muchos hoteles de la última hornada, acostumbrados a invitar a entrar a su vestíbulo, mostraban estos días una muy frágil puerta de vidrio, ...







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