Ahí me restauré bien - 12
La otra noche, paseando la cena como acostumbramos últimamente, nos llegamos hasta ahí arriba. Tuvimos que subir una de las colinas de Barcelona, el Monterols, pero lo hicimos de mar a montaña, subiendo por Tavern/Marco Aurelio. Al llegar a la clínica Platón, por cierto, cómo hacía mucho que no pasábamos, vimos que ya no quedaba nada de aquel enorme muro y el arbolado jardín que envolvía: todo se había aclarado, dejando ver la enorme y aplastante masa edificada. Bueno: el restaurante seguía ahí, con apariencia de continuar abierto.
Cuando frecuentábamos estos Inmortales, como vivíamos en otro barrio, subíamos por una ruta perpendicular a la trazada la otra noche: “pel dret”, que se dice en catalán, desde Balmes por un trozo muy empinado de Copérnico... El amigable ambiente del sitio, sin pretensión alguna, enseguida te dejaba recobrar el aliento.
Por alguna conversación -éramos habituales, y muchas veces íbamos con al menos una niña pequeña, siempre llamativa- supimos que eran argentinos.
Si se mira la población de Barcelona por sus orígenes, te llevas una enorme sorpresa viendo que una de las más numerosas es la italiana. Hay gato encerrado. Resulta que la mayoría de argentinos de Barcelona tienen la doble nacionalidad italiana... “Inmortales”, que parece retoma el nombre de un local bonaerense, es un restaurante italiano. Recuerdo sus pizzas como de esas relativamente pequeñas pero gordas, en las que se nota el pan de su base. Pero en su carta también ofrecían otros platos.
Ahora no recuerdo si fueron los que crearon luego los Inmortales de la calle Sagués. En todo caso, le añadieron entonces ese “la trattoria original” al nombre. Sí recuerdo confusiones sonoras (el desnivel entre ambas es notorio) entre las dos, con pequeños grupos en dificultades para reunirse.
Pasado bastante tiempo, volvimos y uno de ellos nos reconoció y todo, porque seguían siendo los mismos. No sé ahora.

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