Vi la foto que hizo Moragas del Café de la Ópera y decidí tener una cita en él. Me senté, pedí un cortado, apunté, encuadré y -“clic”- disparé, o sea: puse el dedo pulgar en los dos círculos concéntricos de la pantalla. Pero de su chica, resistente o no, nada. No debía formar parte de mi pack. Del suyo, siempre.
sábado, 2 de marzo de 2019
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