El aspecto general de la cabina, al entrar en ella. A la izquierda la sala Chomón, la grande. A la derecha la Laya.
Mario era un tío cabal, tranquilo. Autodidacta, llegó a ser sin duda el mejor proteccionista del CCI. Si alguna vez se le interrumpía la proyección era porque la calidad de alguna de las copias que las distribuidoras alquilaban a los cine-clubs era penosa. En esas condiciones, lo habitual con otro proyeccionista era que siempre se parase la proyección, por un percance, en alguno de los cambios de rollo de la cinta. Se disponía de un único aparato a carbones Ossa de 35mm, la falta de sitio impedía trabajar con una bobina única suma preparada previamente a partir de las cinco o seis habituales de las que constaba una película y la operación que debía afrontarse entonces para hacer un cambio de bobina sin parada era de una complejidad y riesgo de fallo increíble.
Pronto su fama se extendió. No eran ya entonces numerosos los proteccionistas profesionales de 35 mm, por lo que más de una vez le vinieron a buscar a la Escuela para que acudiera, bien remunerado, a trabajar en alguno de esos famosos week-end cinematográficos que se organizaron a finales del franquismo en el sur de Francia. También tuvo que formar a una buena cantidad de nuevos proyeccionistas.
Todo esto se me pasó por la cabeza al regresar ayer a casa, más contento que unas pascuas, desde la Filmoteca. Había acudido al acto de homenaje a Jaume Genover, pero no quise quedarme a ver la película que proyectaron a continuación de la mesa redonda. La increíble suerte fue que, por una de esas casualidades de la vida, pude sumarme a ver la cabina de proyección, que iban a enseñar excepcionalmente a uno de los presentadores.
- "Vais a conocer las tripas de la bestia". Algo así nos dijo Esteve Riambau, el director del monstruo. Y, a continuación, recorrimos emocionados todo un mundo de puertas, ascensores y salas privadas, de retorcidos pasillos que rodean la sala de exposiciones del centro.
Desde el pasillo principal se accede, a la derecha, a la cabina de proyección, aunque el nombre de cabina, que era muy aplicable al del Cine-Club Ingenieros, se quede chico para con el de la Filmoteca. Así, a primera vista, me dio la impresión de sofisticada barbería, con proyectores (más bien máquinas) a uno y otro lado del espacio en vez de sillones de barbero, aunque también me recordó, largo y relativamente estrecho, a un interior de trailer, forrado de negro y lleno de aparatos electrónicos, como los que se utilizan de centro de control en un rodaje o retransmisión televisiva.
Como la cabina debe servir para las proyecciones de las dos salas, la Chomón y la Laya, tanto a derecha como a izquierda se encuentran, además de unas mesas de control propias de una apañada discoteca, los proyectores de 16 y 35 mm (dobles), así como los dobles proyectores DCP, que yo creo que les han dado el volumen y aspecto actual -es verdad que más bien tirando a caja- para hacer seguir pensando que se tiene entre manos uno de esos viejos proyectores.
No sé acaba ahí. Al final de todo, casi colindante con el final de la superficie de la finca, un apéndice acoge a los controladores del subtitulado electrónico, operativos cuando la película proyectada no contiene subtítulos. Su misión es ir ajustando el momento de aparición en la pantalla de uno u otro subtítulo, atrasándolo o adelantándolo, hasta que coincidan con el momento preciso en que previamente, al elaborarlos, han pensado que deben aparecer.
Siguiendo toda una larga franja de las paredes que dan a la parte superior del fondo de la sala Chomón y de la sala Laya, una cortinilla, también negra, cubre un vidrio hermético, que permite la visión directa de la pantalla. Pero éstas, en realidad, son vistas en muy pocas ocasiones por el equipo de proteccionistas, que controlan la proyección a través de unos monitores.
Tras estar observando por ahí un rato, nos despedimos de los proyeccionistas (ya muy lejanos al modelo de "Cinema Paradiso") y tuvimos aún ocasión de ver alguna otra parte de las instalaciones. Perdidas alrededor de los pasillos, un comedor, una cámara para almacenar en condiciones de temperatura las películas en rotación por el centro, u otra sala donde se inspecciona todo el material que llega para su proyección dan una idea bastante precisa de las actividades que se desarrollan en el interior de la fiera.
Por donde respira el monstruo.
En el fondo, todo es cuestión de ordenadores. En la Laya se estaba proyectando "La extraña pareja".
Por un agujero junto al DCP se podía captar en la pantalla de la Chomón a Charlotte Gainsbourg. Se estaba proyectando "Melancolía".
El proyector de 16mm. Para la Laya.
Los dos proyectores de 35mm de la Laya.
El DCP de la Laya.
Los teclados para el control de sonido de la Laya.
Actuando al piano de la Laya.
Tras un proyector de DCP de la Chomón, preparando un trabajo.
Los diferentes proyectores para una y otra sala
El anexo para los controladores del subtitulado electrónico, ayer innecesarios.
Despedida del equipo de proyectores. Aún saben de un oficio en extinción, el de proyeccionista de 35mm.
La sala para la verificación de todo el material que va a proyectarse.















No hay comentarios:
Publicar un comentario