Hace unos años, cuando me preguntaron por dónde quedaban unos caballitos por Barcelona, después de pensarlo una y otra vez, solté que, a excepción de los del parque de atracciones del Tibidabo, no sabía de ninguna instalación fija por la ciudad. Que me temía que con el cierre del Caspolino y la urbanización de unas cuantas zonas medio salvajes, ya habían desaparecido todos.
Pero esta semana, al salir de la Biblioteca del Guinardó, yendo hacia la boca del metro, me topé con éstos. No sé si será excusa suficiente que, como se ve, estaban disfrazados. Deben ser algo clandestinos, y sólo se aprecia que se trata realmente de un tiovivo a través del antifaz.


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