Iba ayer bajando por la siempre inhóspita Via Laietana desde la Plaza Urquinaona, pensando en que el único paisaje comercial que allí había quedado era el de empresas que buscaban saciar el apetito que les entra a los turistas a determinadas horas del día cuando, de repente, me topé con este almacén, que habla de otro tiempo. Su presencia en ese entorno, incluso con una clienta, me levantó el ánimo.
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Pintada
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