miércoles, 12 de julio de 2023

Reial Cercle Artistic

Llegar pronto a los sitios te da un tiempo para curiosearlos. Ayer, en el Reial Cercle Artistic, por zonas no invadidas por los turistas, que acceden a su restaurante y terraza.
Hice más fotos de sitios que me gustaron pero, con las prisas, me salieron borrosas.


El teatrín en el que se hacen las sesiones de su cine-club.

Mirada a su techo, al que no le sobra grandilocuencia.

El billar, en una esquina de su agradable cafetería,

Las paredes de su cafetería, repletas de cuadros de todo tipo y condición y -lo más interesante, pero que me salieron movidos- de carteles de antiguas exposiciones de la casa.

También me salió movida -un desastre- una foto general del emplazamiento actual de su biblioteca. Aquí, la vista del Portal de l’Àngel desde su balcón. Por la mesa, libros y objetos por ordenar, después de su traslado desde su ubicación previa, hoy ocupada por la ampliación del restaurante.
 

miércoles, 31 de mayo de 2023

Chroma


Otro descubrimiento supuso para mí dar con Chroma en el Tallers Oberts del pasado fin de semana.
Ahora ya sé dónde acudir si buscase sustituir un mosaico antiguo o restaurar unas volutas ornamentales de esas que en el techo de una casa del Eixample rodeaban el cable de una lámpara de techo. Y digo esto último porque es lo que estaban haciendo cuando pasamos.
Está junto a la Plaça Reial, en la calle que lleva el curioso nombre de Escudillers Blancs.






 

viernes, 28 de abril de 2023

La Escuela Industrial

Milagrosamente (porque estaba previsto que finalizase en diciembre), en la entrada de la Torre del Rellotge de la Escuela Industrial (la que en su día hizo Guastavino), sobrevive aún una exposición a base de paneles que habla de los diferentes estilos que conviven en el recinto.
Ahí está desde los elementos del mismo Guastavino, pasando por Rubió i Bellver, y llegando a los más modernos de Baldrich.
Están muy interesantes, me parece a mí, las imágenes que hablan de los engarces de la obra de éste último con las anteriores. Y una cosa que no sabía: que se quería que, donde Baldrich acabó haciendo la piscina Sant Jordi, estuviera el Museo de Arte Contemporáneo (entiendo el que, en esbozo, había en la cúpula del Coliseum).



Una atractiva escalera de Guastavino.

El proyecto de Baldrich para el nunca construido Museo de Arte Contemporáneo.

Aquí se ve lo bien que estudió Baldrich la unión de su ampliación de la Escola del Treball con lo previamente edificado.

El elemento más desconocido de todo el recinto de la Escola Industrial: la capilla de la residencia de estudiantes, de Rubió i Bellver.

AcBDos de Rubió para la gran sala de la Torre del Rellotge.

Guastavino es el señor que está inspeccionando su obra ahí de pie, a la derecha de la fotografía, encima de una de sus bóvedas catalanas.

Can Batlló, en su época como fábrica textil.

Las bóvedas de Guastavino.


 

jueves, 27 de abril de 2023

Depósito de Aguas de retención de lluvia del Parc Joan Miró

La entrada del exterior para las personas. Lo que es para las aguas pluviales ya lo veremos (bastante mal) en otra foto. Ocupa lo que es en superficie todo un rectángulo en el lado del Parc Joan Miró (el de “La dama i l’ocell”, que se ve al fondo, a la derecha) más próximo a la calle Diputació y a la plaza de toros de las Arenas. Un poco más arriba hay otro depósito municipal, a no confundir: el de la grúa.


Un olor no muy agradable se fue infiltrando esta mañana en la sala del Depósito de Aguas de retención de lluvia del Parc Joan Miró mientras estábamos oyendo la explicación inicial, previo a un vídeo introductorio, del técnico de BCASA, la sociedad municipal que gestiona el ciclo integral del agua en su territorio.
Cuando leí las normas a seguir durante la visita (pantalones y mangas de camisa largos, calzado cerrado, buena forma física, no abandonar ni un instante el grupo,…) le estuve dando vueltas a las posibles razones para seguir obligando el uso de mascarilla. Llegué a considerar si tendría que ver el encontrarnos en un subterráneo bajo la superficie en la que había habido tantos años el matadero barcelonés. Con ese olor a restos fecales, que ya no desapareció, me surgía otra -remota- posibilidad. En realidad la razón es mucho más tonta y no encierra ningún misterio truculento: no se ha levantado aún la obligación desde la pandemia.
Hay actualmente 15 depósitos de retención de lluvia en Barcelona, formando parte de unos 1700 Km de red de cloacas, el 50% lo suficientemente amplias como para hacerlas visitables.
Es en su conjunto una red de gravedad, gracias a estar la ciudad plantada en un anfiteatro que va de la Sierra de Collserola hasta el mar. Comprende dos cuencas, la del Besós y la del Llobregat, estando la divisoria de aguas precisamente en la calle Tarragona, junto a este depósito que he visitado esta mañana.
El 100% del agua de las cloacas pasa por las depuradoras (de las cuencas de ambos ríos) antes de su salida al mar. La retención de las aguas de lluvia en estos depósitos se provoca para evitar que, cuando cuando llegan en aluvión, superen la capacidad de absorción de las depuradoras.
En Barcelona la red de aguas de desecho, es unitaria: pluvial y residual. Como la visita estaba montada para técnicos, rápidamente uno de éstos ha saltado: ¿si luego se van a mezclar, por qué razón la normativa nos obliga a hacer en las fincas conductos separados? Desgraciadamente, la separación de los dos circuitos, al menos en una ciudad ya vieja como Barcelona, se ve hoy por hoy inviable. Una lástima, porque eso impide el aprovechamiento del agua de lluvia, más allá de la que se filtra a la red de aguas freáticas, ésta sí utilizada ya actualmente y en aumento para muchos usos (limpieza, fuentes, riego).
Al margen de estas cuestiones de orden general (y del mal olor, al que te acabas acostumbrando), me ha resultado interesante la visita al depósito, que nos ha permitido hacernos una idea bastante precisa sobre su utilización. En los pies de foto intentaré ir explicando, en la medida de lo posible, lo que he captado del proceso.
Ahora, para que todo esto haga el trabajo que tiene encomendado, sólo hace falta que llueva un poco…


El sinóptico de la instalación. A la derecha, visto cenitalmente. El depósito suele estar vacío, sólo recogiendo agua cuando llueve o se prevé que llueva mucho. De hecho, está automatizado para que funcione en función de unos sensores que hay establecidos y controlan el flujo por las cloacas.mientras no pasa eso, un “by-pass” hace saltar al agua de las alcantarillas la entrada. A la izquierda, arriba, el perfil del depósito. Tiene una primera zona de poca profundidad, para lluvias medias, que puede vaciarse por gravedad. Si el aguacero es grande y se recoge mucha agua, rebosa de esa zona hasta la más profunda (17m, creo), de donde habrá luego que utilizar unas bombas para evacuarla. En medio se ve el depósito en planta. Son una serie de carriles, cada uno con una cabecera con agua freática para limpiarla cuando se vacíe. 

Siempre quedan bien estos paneles de colores, estilo “Objetivo la luna” de Tintín. 

Éste sería el canal de entrada. De hecho, estamos encima del agua de alcantarilla recogida, que utiliza el by-pass para evitar la instalación. 

En condiciones normales va a la izquierda, sin seguir hacia los depósitos. 

La entrada del agua al depósito se efectúa por estas compuertas. 

Ésta es la zona de poca profundidad (unos 7 metros, creo) del depósito, la de más uso. 

Cada carril tiene una cabecera con un depósito de agua freática para limpiarlo con ella y que se lleve la suciedad que haya podido quedar sedimentada. 

Nos han abierto uno de los depósitos para que viéramos cómo actúa el agua. Aquí acaba de salir. 

Y aquí, un poco después, llega con fuerza hasta el fondo, llevando todo hacia la canalización de alcantarillado, camino de las depuradoras. 

Yo estoy ya sobre la zona profunda del depósito. Veo los depósitos de agua freática para la limpieza de los carriles de poco fondo, en la parte superior de la fotografía. 

Parte de la zona de mayor profundidad del depósito. Nos han explicado cómo se construye y es curioso: primero se hormigonera el muro de contención de su perímetro y, haciendo unos pozos, las columnas que sostendrán todo. Luego se va extrayendo toda la tierra, dejando visibles las columnas recién consolidadas. 

Las bombas para la extracción del agua de la parte profunda del depósito, cuando las depuradoras ya admitan más caudal. 



Por último, las dos compuertas de salida a la red general desde el depósito.

 

sábado, 25 de febrero de 2023

Portal Plaza Tetuán


Apostaría a que debe ser una de las puertas más grandes de entre todas las de los edificios de pisos vivienda de Barcelona.
 

viernes, 3 de febrero de 2023

Andando a la Biblioteca Joan Marsé

Esta mañana hemos ido (y vuelto) andando desde casa a la Biblioteca Juan Marsé, en el Carmel. Una heroicidad de esas que haces porque no lo piensas bien previamente, porque la subida es de órdago. Sólo hemos empleado una escalera mecánica en un pequeño tramo, casi llegando al Santuari del Portell.
No iba a hacer fotos, pero al final he sacado la tableta alguna que otra vez, para fijar las curiosidades que señalo en cada pie de foto.


Tiene bemoles la cosa. Sólo entristecido al ver el enorme edificio que han incrustado en la esquina de Nuestra Sra del Coll con Maignon, no había leído el slogan que identifica a sus constructores o a lo que están haciendo, que no me queda claro: “Arquitectura y sostenibilidad”. A ver quien lo supera. Los vecinos de esa casita rosa de la esquina, por ejemplo, pueden considerarse afortunados. Cuando piensen que echan de menos el solecito de mañana de los días de invierno, no tienen más que reconfortarse pensando que al menos se lo tapa una mole sostenible.

Subiendo (el gradiente es bajo) Mare de Deu del Coll, ves alguna casa -torre, se le llama por aquí- antigua, que no guarda la alineación de la calle, ganada por un conjunto de anodinas fachadas y casas. Hundida entre dos medianeras, casi hemos llorado viendo su jardín-terraza de primer piso, el sol robado por las construcciones nuevas que la empaquetan. Sólo al llegar al final de la recta, cuando la calle inicia una cierta curva, hay indicios de que el barrio habría podido ser muy habitable. He sacado la tableta y he hecho esta foto, que ha salido muy mal y no deja ver nada.

En el descansillo del medio de la escalera mecánica de la calle Mora la Nova está la entrada a ésta casita con jardín. Incapaz de una toma única, he hecho la fotografía en dos tramos. En el primero, el jardín. A la derecha, un limonero. El trayecto de esta mañana nos ha dado a entender que estamos en plena época de limones.

El segundo tramo, tras panorámica hacia arriba, el ahogo entre dos enormes medianeras del jardín… y la casa, que no se ve por la oscuridad trasmitida.

Hemos subido mucho… pero para llegar a la Juan Marsé -cruzada esa calle, a la derecha, se distingue su terraza y edificio, que ahora recuerdo lo que gustó al escritor cuando se lo dedicaron- hemos tenido que bajar. Lo hemos hecho con el ascensor-cremallera de la calle Alguer. En eso sí que el Carmel ha mejorado un montón.
 

Pintada

Una pintada de esas "clandestinas" concertadas por el propietario del negocio con el grafitero/artista pintor.