jueves, 31 de octubre de 2019

Prats i Fajó


Dirigido a gente con mi edad o incluso más: saliendo del Jardí dels Tarongers me vinieron ganas de recorrer la zona. Subimos un poco más, para no perder rápido la energía potencial alcanzada. Así pudimos ver esas casas increíbles, con vistas, rodeadas de jardines...
Alcanzamos la Avenida Pearson y entonces me entraron ganas de saber que habría sido del restaurante y local para fiestas quizás con más alcurnia de la Barcelona de los años 50 y 60, regentado por Prats i Fajó, La Font del Lleó. Según mi orientación, que creo funcionó, debía estar en la gran parcela de la esquina, detrás de ese ciclista de azul. Ahora un recinto totalmente cerrado de viviendas de lujo, con personal de seguridad en una cabina y todo.
¿Donde se celebrarán ahora las fiestas del “todo Barcelona” ese, sí es que aún eso existe? Claro que quizás no se celebrarían, para evitar discusiones sobre el procès.



 

miércoles, 30 de octubre de 2019

Alba (Martí-Llauradó). Por Tres Torres


 

Can BArtomeu


Can Bartomeu, la casa del Jardí dels Tarongers, tiene una sala donde dan conciertos de música con unos murales noucentistas de Vila Arrufat, de los que saqué los trozos que más me gustaron. Otros son de un tono religioso o campestre que me resultaron demasiado relamido





 

lunes, 28 de octubre de 2019

Can Bartomeu / Jardí dels Tarongers

Segunda entrega (habrán más) de fotos que hice en la visita del BCN 48h Open House a Can Bartomeu / Jardí dels Tarongers. Sigo sin entrar en la casa...


Adán y Eva moldeados en un tronco de árbol.

Aquí se ve, al fondo, el emplazamiento de Adán y Eva, tras el estanque. Que era, por cierto, piscina. A la izquierda había unos vestuarios, con motivos alusivos.

Lo que Bartomeu llamaba “el tranvía”, bancos de piedra desde los que seguir los conciertos y fiestas.

Un “auca” ofrecida a la casa tres años después de la muerte de Bartomeu.
 

domingo, 27 de octubre de 2019

Casa Bartomeu / Jardí dels Tarongers


Le hemos dado una segunda oportunidad al BCN 48h Open House y hemos ido esta mañana a ver una de las casas del catálogo de este año. Hemos escogido bien, no obstante: una que no fuera muy conocida, alejada del centro, una cierta dificultad de acceso.
La elegida ha sido la Casa Bartomeu / Jardí dels Tarongers. Una casa de Pedralbes que ahora ocupa (muy poco) el Consell Català de la Música. Y digo que ha estado bien elegida porque para llegar hasta ella te debes pegar una buena caminata en cuesta. Pocos lo han hecho, al menos a primera hora. Luego la cosa se ha liado un poco por problemas organizativos entre los tres voluntarios que se habían presentado para mostrarla y nos hemos quedado sin poder subir al terrado y sus vistas, pero en conjunto ha estado bien.
La casa la hizo construir Josep Bartomeu Granell, un industrial y mecenas musical, a José María Martino Arroyo, quien fuera arquitecto municipal de Sitges, de gusto noucentista y que participara con obras en el proyecto de la ciudad jardín Terramar.
El jardín, un poco dejado ir, tiene una serie de esculturas que le dan la nota esa noucentista y, principalmente, vistas amplísimas sobre la ciudad.
La casa tiene una decoración de época, ampliamente elogiada por la circunstancial guía y buena parte de los visitantes, que me ha parecido de más que dudoso gusto. No obstante, si se le da mano al Consell Català de la Música poco quedará dentro de poco de ella: En una de las habitaciones del piso superior se la han cargado totalmente, colocando unas enormes estanterías blancas que están vacías, pero que cubren todas las paredes. En la sala de conciertos de la planta baja (aunque se ve que las grandes galas tenían lugar en los años 40 y 50 en el jardín) hay un mural de Vila Arrufat, creo, con trozos noucentistas curiosos y otros para mi gusto bastante carrinclones.
Como he hecho demasiadas fotos, las repartiré entre dos o tres entradas. Para no hacerlo más complicado, las voy escogiendo por el orden en que las he hecho, por lo que ahora se verá sólo la fachada de la casa y parte de su jardín.

Junto a este estanque tenían lugar los conciertos.

Un fauno custodia una esquina de una de las terrazas. Al fondo, la costa barcelonesa y el mar.

La fachada principal de la casa, que se alcanzaba atravesando una serie de terrazas, entre ellas las de los naranjos que daba nombre al jardín.

En un rincón del jardín.
 

sábado, 26 de octubre de 2019

Biblioteca Arús


Recuerdo haber estado en la Biblioteca Arús de jovencillo. Una tía mía, bibliotecaria, se había hecho con la plaza tras catalogar y reordenar todo su fondo. Había permanecido un largo periodo, acabada la guerra civil, cerrada. En mis recuerdos me prestó unos pocos libros para un trabajo -“La masonería a través de los tiempos”- que presenté a un concurso en mi colegio, pero mirando la cronología de la Arús, veo que me lo he inventado o que, para dejarlo más suave, mi cabeza ha mezclado churras con merinas. Dejémoslo en que nada más me enseñó la biblioteca.
El BCN 48h Open House ya hace unos años que está agonizante por exceso de éxito, pero éste año hemos hecho un intento -bastante frustrante- de recuperarlo.
Ayer estuvimos rastreando su sinuosa página web y seleccionamos, concienzuda o intuitivamente, todos los sitios que nos atrajeron, ya tachando alguno que pensábamos que atraerían a tanta gente que ocasionarían unas colas impracticables.
Lo primero que hay que decir es que es falso lo de 48h. Los sitios que se pueden visitar se reparten horarios de apertura, si, entre sábado y domingo. Pero no abren casi ninguno los dos días. Cierran todos a mediodía, supongo que para que los voluntarios que se encargan de la organización de las visitas puedan ir a comer, no digamos por las noches, y suelen abrir unas tres horas las mañanas o las tardes, sábado o domingo, pero casi nunca sábados y domingos mañana y tarde.
Las visitas organizadas con guía -estilo la de los edificios para comedores de la SEAT- o itinerarios a horario fijo, por su parte, estaban ya todos completos.
Así las cosas, decidimos ir esta mañana de sábado a primera hora a la Biblioteca Arús y al salir pasarnos por el Centre Salomó bem Adret, en el Call. Hemos llegado antes de su hora de apertura -las 11-, pero ya había una cola respetable y no hemos podido entrar hasta las 11,30. Luego nos hemos dirigido hasta nuestro otro objetivo, pero al llegar hemos preguntado cuánto tardaría en consumirse la cola que teníamos delante y nos han hablado de una hora. Nos hemos ido a pasear por ahí y esta tarde ya nos ha dado pereza reincidir, pensando en el plantón que podía esperarnos.
Cuelgo unas cuántas fotos que he hecho en el interior de la Biblioteca Arús. Está muy acogedora y entran ganas de convertirse en estudioso del anarquismo, la masonería o Sherlock Holmes solo por ir a trabajar con sus fondos. Su iluminación a través de esas lámparas a media altura, no obstante, hace que las fotografías, de no aplicar algún filtro del que no dispongo, aparezcan generalmente como con una neblina.













 

martes, 22 de octubre de 2019

Conectividad en la Estación de Sants


Uno de los aspectos que más se vigilan ahora al planificar la construcción o reforma de una estación de tren es su conectividad. Aunque no es que sea precisamente cómoda para pasajeros cargando con maletas, era lo que se buscaba al hacer una salida del metro directamente al vestíbulo de la estación de Sants.
Volví ayer de Reus en tren. La conexión interna con el metro estaba -lleva así desde las primeras protestas por la sentencia del juicio del procés- cerrada. Te hacen salir al exterior, donde un cartel te indica que si vas al metro, deberás acceder a él por la boca de metro de la calle Numancia, y te señala que sigas recto, es decir, que cruces la doble calzada y sigas bajo esa estructura central, esa pérgola que proyectaron Piñón y Viaplana en la Plaça dels Països Catalans.
Al menos -llovía- no me mojaré, me dije.
Pero ahí llegó otra desilusión: lo de esa pérgola es un techo engañoso, compuesto por un extraño material completamente agujereado, con lo que el resultado con lluvia es aún peor: te mojas más, al caerte gotas de lluvia directas y otras más consistentes, formadas por acumulación de agua formada por la lluvia anterior, como bajo un árbol con sus hojas empapadas cuando se desata viento. Salí de ahí para hacer el recorrido (como unas dos manzanas del Ensanche) fuera de la teórica y demostrada falsa protección de la pérgola.
El cartel indicador no se reproduce, por lo que supongo que está puesto sòlo para conocedores de la zona, dejando a sus seguidores en un mar de dudas, pero ya lejos de la estación. No soy por el momento extranjero en la ciudad, con lo que llegué al extremo del pavimento de esa plaza, que da la impresión de haber soportado una larga serie de penalidades, giré a la Izquierda y, cruzando otro par de calzadas, alcancé el ascensor que desciende al vestíbulo del metro. En éste, al abrirse el ascensor, me encuentré con bastante gente totalmente despistada, muchos con maletas, y un guardia jurado que, vigilante detrás de unas barreras de marcaje sospechosamente abiertas de par en par, le estaba diciendo a una mujer indecisa: “¡Tiene que marcar!”
La señora introdujo su tarjeta de metro por la ranura en una acción que habitualmente hace que se abran esas puertas de paso que estaban ya abiertas y pasó hacia la inmediata escalera mecánica de bajada. Viendo un vacío producto de la indecisión general, llegó mi turno, pero una vez franqueadas esas barreras que recibían abiertas de par en par no me contuve y le lancé una pregunta al segurata:
- Y si obligáis a marcar ¿por qué dejáis las barreras abiertas?
- Es que hay mucha acumulación de personal, señor.
Como era un subterráneo mi mirada al cielo fue totalmente inoperativa. Bueno: ya sólo me quedó para llegar hasta el anden bajar los dos tramos de escalera mecánica y recorrer desandando bajo la superficie casi todo lo andado en el exterior de la plaza por el agobiante e inacabable pasillo de correspondencia entre líneas de metros y hacer el cambio de sentido por debajo de las vías, bajando y subiendo otras escaleras.
Parece que, por el momento, de conectividad, muy mal.
La foto es de Carles Ribas, y la he sacado de una pàgina de El País.

 

martes, 15 de octubre de 2019

Adaptarse a los tiempos


Sí, no, si ya lo sé: hay que adaptarse a los tiempos, sólo puede existir lo que conduzca a mucho consumo, es ley de vida, ha de valorarse lo actual,...
Dos locales, actuales (uno apareciendo), de la Rambla Catalunya, en foto sacada el viernes.


 

sábado, 12 de octubre de 2019

Árboles Rambla CAtalunya


Debe ser una iniciativa de la Asociación de comerciantes de la Rambla de Cataluña. No sé cómo hacen sus números, pero dicen tener calculado que con lucecitas de Navidad las ventas crecen en un determinado porcentaje. Que el espíritu navideño, convenientemente excitado, inspira y desarrolla el consumo. No sólo el de un buen besugo, marisco, cava, pavo, turrón o carn d’olla, sino el de lo que se tercie, desde un vestido hasta un complemento (que así llaman a los bolsos y demás), pasando por un aperitivo o un viaje.
Esas ganas de incitar ese espíritu en una comunidad de la que se cuenta que ha incrementado últimamente el ahorro debe ser, pues, la que ha provocado que ayer, viernes 11 de octubre, andase un buen señor subido a una escalera enrollando en los troncos de los tilos del paseo estos cables. Por lo que vi, ya tiene el trabajo bastante avanzado.
Aún así creo recordar que el día a partir del que se pueden encender estos adornos es de las cosas que están reguladas oficialmente y, aunque no lo comprobé paseando por ahí por la noche, no creo que a estas alturas vayan ya a decretar que hemos entrado en las fiestas navideñas.
Es a partir de esa reflexión que he llegado a la de que, estando el calendario comercial (Barcelona Shopping City, Castañada/Halloween, Black Friday,...) y el social (respuesta contundente a una sentencia del procés esperada para el lunes, elecciones,...) tan lleno, no han visto más adelante ya fechas proclives para que ande ese buen señor subido a una escalera por ahí, haciendo su trabajo, y han decidido avanzarse y tener ya efectuado el trabajo, no vaya a ser que se declare abierta la veda y por una u otra cosa se pierdan uno o dos días de incremento de consumo.


 

jueves, 10 de octubre de 2019

Kiosco plaza Lesseps


Ahora que ya nos vamos quedando no únicamente sin tiendas centenarias, sino también sin las que parecía que podían llegar a alcanzar su centenario, deberemos prestar más atención a los kioscos, también ellos con una precaria salud.
Este de la Plaza Lesseps, en sus diferentes presentaciones, con pequeños desplazamientos su ubicación, lo empecé a practicar yo por 1960. Me parece que ya venía de antiguo, por lo que entra de lleno en los del grupo que indico.

 

Ensanche


Muy cerca de la casa de la entrada anterior, pero cruzando la calle, otro detalle de otra casa del Ensanche barcelonés.
 

domingo, 6 de octubre de 2019

Vallcarca


Alguien que sea del barrio: (Vallcarca): Ya regresando me topé, envuelta en vegetación, con esta casa. ¿Es la de Jujol? 

martes, 1 de octubre de 2019

Manifestación por la Via Lietana


Y de colofón del recorrido del viernes, como era el “Día de huelga mundial por el clima”, un encontronazo con la manifestación que bajaba por la Vía Laietana. Muy numerosa, destacaba la poca edad de sus participantes. Mientras por las aceras gente mayor miraba asombrada lo jóvenes que eran todos, por la calzada iban coreando slogans, de tanto en tanto saltando, muchos exhibiendo una pancarta casera, alguna con frases ingeniosas (“La Tierra, más caliente que Tomas Molina”, decía una en inglés aludiendo al hombre del tiempo de la televisión catalana) y la mayoría con la portada de una publicación (“Militant”?) que decía: “El capitalismo mata el Planeta. Necesitamos una revolución”.
Como la gente joven es la que va a recibir en herencia un planeta hecho unos zorros y difícilmente habitable, ya está bien que se muevan, aunque da un poco de cosa que sean los críos de institutos los únicos que parezcan seguir el movimiento ese mundial para llamar la atención y exigir a quien tenga mano para hacer algo. En algún momento, muestran una inocencia enternecedora. Vimos tres chicas con la pancarta standard mencionada entrando en el edificio de La Caixa y las seguimos. No sabíamos si iban a hacer la revolución, pero en seguida vimos que iban a sacar dinero de un cajero. Al menos, eso hizo una mientras las otras dos hablaban y no sé qué consultaban en sus móviles.




 

Barri de la Ribera


Un poco más del recorrido matutino del viernes. Recuerdo, hace ya muchos años, cuando el cambio del Barri de la Ribera empezaba a operarse, los paseos que culminaban con un aperitivo en una recién abierta Vinya del Senyor , aún sin su terraza. O, anteriormente, la contemplación de los escaparates, con gloriosas piezas de ropa interior de esas completas o del mostrador del interior de la tienda que la precedió.
En ocasiones entraba una exploración por la calleja posterior, el carrer de les Caputxes, con sus casas de origen medieval, de las más antiguas de Barcelona.
Ahora, viniendo desde el Pla de Palau, subiendo por Canvis Vells, donde dicen que instalaban sus bancos en la calle los cambistas, lo que predominan son los detalles del siglo XVIII, ya en un ambiente ordenado, restaurado, con comercios y presencia turística.
Vamos: que colaboré con fuerza en el giro sufrido por el barrio. Uno le da inicialmente un empujoncito y luego ya él sólo acelera.


 

Sombrerería Mill

La veterana sombrerería Mill, en contra de mis más negros augurios, ha vuelto a su sitio original en la calle Fontanella después de las obra...