martes, 15 de noviembre de 2016

Can Ferrer

En el jardín de la casa abandonada de la calle Alfonso XII, cuyo deterioro va haciéndola más visible, han puesto unas vallas que dicen prohibir el paso, supongo porque amenaza caer encima parte de la ruina que ya es el edificio.

Al fondo, la valla. Los numerosos gatos se acercan a la verja de entrada cuando te acercas a hacer la foto en una rendija que va ensanchándose. Deben pensar que se trata de las señoras que tienen llave del candado y pasan diariamente a alimentarlos.

En la parte derecha del jardín se acumulan una serie de muebles (¿electrodomésticos?) antiguos.

Entre que no es primavera y las palmeras sucumbieron a la plaga, el aspecto general del conjunto ha dejado de ser el misterioso de una casa que amenaza ruina, tapada por una frondosa selva, para pasar a ser el de una desoladora ruina cada vez menos oculta tras una vegetación moribunda.

Asomando un poco la tableta por el extremo opuesto de la verja se desvela la nueva desnudez de la ya imparable ruina.
 

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