He pasado por ahí y no sé cómo ni me he fijado. Estaba en la peluquería y he presenciado cómo una señora venía a buscar una botella de un champú, o algo así. La peluquera (es una mujer) se la ha dado, y le ha dicho que ya le cobraría otro día, porque tenía estropeado el ordenador y no sabía a ciencia cierta su precio. Después de un diálogo adicional, porque la señora no quería aplazar el pago, y se ofrecía a dar una cantidad aproximada, se ha marchado, asegurando que volvería a pasar pronto para pagar. Entonces le he dicho a la peluquera, cuando reemprendía en mi cabeza su trabajo, que había sido una escena muy bonita la que había presenciado, y que sólo era posible en una tienda de barrio como aquella. Ha sido entonces cuando se me ha puesto a explicar el miedo que tenían los pocos que quedaban por la zona y, tras hacer inventario de las cruentas bajas, me ha preguntado qué me había parecido "lo de El Galeno".
Resulta que El Galeno ha cerrado. El lunes le embargaron todos sus muebles, y difícilmente volverá a abrir. Era un local histórico en un barrio en el que ya quedan contados. Cuando el padre de la peluquera abrió la peluquería, hace sesenta años, ya estaba allí, me ha explicado. Tenía, hace mucho, fama. Mi cuñado hablaba salivando de sus bocadillos de jamón... que nosotros, cuando llegamos al barrio, vimos que ya no eran lo que habían sido. De hecho, se fue deteriorando poco a poco, y no era un dechado de limpieza, un sitio agradable para estar. Salvo por su terraza, siempre abierta, en el chaflán a mediodía y con sol todo el año, porque incluso en invierno los edificios en su diagonal del Hospital Clínico, que está claro que fue el que le causó su nombre, son de no muy gran altura.
A ver qué aparece en su lugar.

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