Criticamos mucho al turismo, pero también tiene cosas buenas. En Casa Colomina, gracias a ellos, hay Pastelillos de Gloria todo el año, y no sólo en Navidad.
Este grupo, precedido por un señor extranjero con móvil y palo con un número, ha colapsado la tienda, mientras yo me daba al vicio. Le he preguntado al dependiente cuando se han marchado de hacer la visita guiada. Deben tener un acuerdo para que hagan parada en su recorrido, pero no han comprado ni una triste peladilla.

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