Otra cosa que han reformado recientemente es el Moll dels Pescadors, instalando una nueva Llotja de pescadors, que ha diseñado el estudio de Carles Ferrater.
Como positivo, que ahora, después de un periodo en que estaba cerrado a cal y canto, se puede acceder peatonalmente por un lateral acondicionado hasta la Torre del Rellotge, el faro del puerto del s. XVIII y después subir por una rampa hasta un balcón desde el que, aunque no puede verse el interior del nuevo edificio donde se efectúan un par de subastas de pescado diarias, sí se distinguen los nuevos diques construidos para los pesqueros sobrevivientes. Por suerte, la presión para desalojarlos y substituirlos por la radicación de otros más rentables no culminó del todo.
Como negativo, que nadie nos devolverá la Casa dels Mariners, y lo bien y a buen precio que se podía comer ahí.







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