viernes, 19 de octubre de 2018

La evolución de la fachada marítima

Vista de Wijngaerde (1563)

Son un par de hermosas vistas de Barcelona, posiblemente de las más conocidas de entre las primeras completas y conservadas, correspondientes a Wijngaerde (1563) y Boisseau (1645). El equipo formado por Albert Cubeles, Ramon Pujades y Mikel Soberon han manejado muchas más en el proyecto de investigación que presentaron el miércoles en las “IV Jornades d’història de la cartografia de Barcelona”.
Su objetivo, muy ambicioso y lleno de unas dificultades de las que nos pudimos en seguida hacer cargo, es llegar a determinar la evolución de la fachada marítima de Barcelona a través de las vistas urbanas de multitud de mapas de la ciudad que han llegado a nuestros días.
Aunque se disponga de la fecha de elaboración del mapa, y por mucho cuidado con el que aumenten y observen el detalle de cualquiera de esas vistas, serios peligros de errores les acechan. El primero y más importante, que casi todos los mapas parten, más que de la realidad, de otro mapa previo, pudiendo entonces registrar, dando por válidas en la fecha del mapa, cosas que han cambiado. Pero aunque el mapa esté realizado en buena parte mediante observación directa de la realidad, hay muchos más: simplificaciones, conscientes falsedades de las perspectivas para destacar algún elemento sobre otro, licencias artísticas, etc.
Una minuciosa y detallada mirada comparativa entre los elementos de la fachada marítima de Barcelona, combinada con la consulta de otro tipo de fuentes documentales, les lleva a aconsejar ser muy prudentes al observar un mapa datado. No todo lo que se ve por ahí puede ser tomado al pie de la letra.
En cualquier caso, fue una gozada, para alguien no muy versado en estas cosas como yo, apreciar la cantidad de detalles que pueden aportar los mapas observados adecuadamente. Un ejemplo un poco tonto: He visto hasta fotografías muy claras de las murallas de mar, derribadas en el siglo XIX, que al parecer fueron durante todo ese siglo, hasta su destrucción, un lugar ideal para el paseo de los barceloneses. Últimamente circula, ademas de la vista general de la muralla de mar, alguna fotografía de la calle bajo muralla (la que separaba la muralla de las primeras casas) y hasta alguna de las escaleras de acceso desde esa calle al paseo de encima. Pero el miércoles me quedé boquiabierto al ver algo que desconocía en un detalle ampliado de la vista de Wijngaerde. Desde la parte baja de las Ramblas subía una rampa, dando una curva, para que los barceloneses que “rambleaban” pudieran continuar el paseo por la muralla.
Es un ejemplo, pequeño si se quiere, del sedimento que pueden llegar a dejar unas jornadas como éstas. Eso ya no se me olvidará, y cada vez que circule por ahí, mentalmente estaré viendo la rampa, imaginando el ascenso.

Vista de Boisseau (1645)

En su presentación, los ponentes van anotando las novedades constatadas y señalando los defectos para una consideración literal de lo visto.

Aquí también lo mismo. Por una parte señalan la constatación de la desaparición de un puente de madera que unía un palacio con la muralla, detalle que nos hicieron ver en mapas previos. Por otra parte, aunque no con el grado de detalle de otras transparencias, nos hablan de los errores de las vistas contempladas.

Cubeles, segundo por la izquierda, fue quien hizo toda la presentación, aunque estuvo acompañado por los otros dos investigadores. A la izquierda, Ramon Grau, uno de los coordinadores de las jornadas.
 

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