miércoles, 31 de octubre de 2018

Park Güell


Hay gente infatigable entre las que visitan Barcelona. Como los que ascienden esta interminable escalera en dos tramos que rodea el Parque Güell por su parte norte. Los que han ido a salir en las fotos (tomadas a uno y otro lado del camino más o menos llano por el que iba: Yo siempre intento no dispensar demasiada energía, conservando en la medida de lo posible la potencial alcanzada) no echan demasiada pinta de turistas. Pero juro que eran mayoría


 

martes, 30 de octubre de 2018

Turó de la Rovira


Ya lo expliqué por aquí. En una ocasión, dando yo de jovencillo vueltas por la ciudad, una mañana de fin de semana me puse a subir por un camino empinado hacia el Turó de la Rovira, aunque entonces a todo eso le decíamos el Carmelo. Hacia un día espléndido, y llegando a lo más alto, a un lado del camino empezaron a surgir barracas pintadas de blanco.
Como ya las había leído, me pareció estar dentro de una novela de Marsé. Recuerdo haberme admirado, sin pensar en penalidades asociadas, en los buenos sitios que solían escoger para instalar las barracas. Un tío que tenía un perro que por suerte estuvo tranquilo, me miró con mala cara, como diciendo que qué miraba, pero me dejó seguir el camino. Sé que de los idílicos pensamientos asociados a la claridad del día y la buena vista se impusieron a otros, pero ahí, cómo si de un sueño bruscamente interrumpido se tratasen, se me acaban los recuerdos y ya no sé qué más hice.
El otro día, allí arriba llevé a unos amigos a esta zona de la cumbre, en la que se ven los pavimentos de diferentes pavimentos, marcando muy bien las superficies que debieron tener las viviendas, sorprendentemente pequeñas.

 

Turó de la Rovira


Es divertido ver cómo se va llenando el techo de esa edificación del Turó de la Rovira. La gente va llegando, salta la valla y deja atrás el cartel admonitorio que instaló el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona cuando se cayó un chico desde ahí (haciéndose realmente daño) para eludir cualquier responsabilidad legal, y se pone a hablar y contemplar el horizonte, que desde esa posición va bien servido.
Cuando anochece dicen que la confluencia de personal es mayor. Y cuando ya es de noche cerrada, esa plataforma se ve que está a rebosar, y las lucecitas de las estrellas que estampan la cúpula celeste deben competir con las suministradas por el alcohol y alguna que otra substancia que se meten en el cuerpo.

 

viernes, 26 de octubre de 2018

Correos

Como no hice foto de la fachada, valga ésta de lo que la corona desde el terrado. La valla separa el de Correos (desde donde está hecha la foto) de la de Telégrafos.

A mí me emocionan las cosas que indican una potente organización comunal detrás, justo las que acuerdos en cumbres europeas poco divulgadas durante la hola de liberalismo que ha arrasado quiere ver desaparecidas en un periodo de tiempo que ya acaba. Una muy característica es la del transporte público.
Te dirán que es lo mismo quien lleve la gestión, mientras el servicio exista, pero no las tengo todas conmigo. Las compañías aéreas nacionales podían ser costosas, pero me parece que las múltiples que las han sustituido tienen otras ideas en la cabeza de sus órganos gestores. Una sociedad que se estime a sí misma debe ofrecer buena comunicación a todas sus poblaciones y no dejarse quitar la red de trenes, por ejemplo, por criterios de "sostenibilidad". Y así.
Las grandes ciudades marcaban también con potentes edificios las sedes centrales de Correos. Entre privatizaciones y la triste desaparición de la correspondencia epistolar entre los humanos (¡A ver quién sabrá reconstruir en el futuro elementos íntimos de la biografía de un artista o de alguna figura histórica, con lo que ayudaba a ello la recuperación de su correspondencia!) toda gran ciudad que se precie luce un pomposo edificio mínimamente adaptado a los nuevos usos (ahora la paquetería) y con enormes espacios sobrantes. No saben qué hacer con ellos. Al de Madrid fue a ocuparlo el Ayuntamiento. El Correo Central de Buenos Aires se ha convertido recientemente en Centro Cultural,...
Sobre la sede de Correos de Barcelona, abajo de todo de la Vía Laietana, dando al puerto, se han oído ya variopintos proyectos. Por el momento aún puedes abandonar cansado uno de los meollos turísticos de la ciudad, subir sus escaleras exteriores y entrar a su gran sala, sintiendo por un momento lo que debía ser de bullicio ajetreado cuando se inauguró.

La gran sala. En los últimos años no han sabido cómo lidiar con todos esos elementos publicitarios que nuevas modas gestoras obligan a instalar.

Quitaron los buzones seleccionados por destino con forma de cabeza de león que abría sus fauces y han instalado en el vestíbulo que da acceso a la gran sala éste totalmente anacrónico con el conjunto.

Haciendo equilibrios con la cámara se puede aún lograr -si quitamos mentalmente ese cenicero, que no sé qué servicio hará- una imagen de cómo debía resultar todo originalmente.

Han instalado un par de bicicletas antiguas de cartero en las puertas del vestíbulo que comunican con la sala.
 

jueves, 25 de octubre de 2018

Antiguas fábricas en Barcelona


Esa visita organizada bajo los auspicios del MUHBA por el funcionario de Correos y geógrafo Antonio Aguilar (que ahora se anuncia volverá a ofrecerse este trimestre) no se contenta con enseñar las sedes del correo postal de Barcelona a través del tiempo. Aprovechando el itinerario por la parte norte del casco antiguo de la ciudad, te hace reparar en un par de viviendas que, reformadas, lo que fueron antiguas fábricas de Barcelona.
Ahora, sabiéndolo, ves evidente que, por su estructura, cantan entre sus vecinas y te deberían haber hecho sospechar de su origen. Pero antes, ni idea.


 

domingo, 21 de octubre de 2018

Iglesia rusa ortodoxa


Ésta feligresa de la Iglesia rusa ortodoxa de Barcelona está pintando, con enorme pulcritud, la decoración de una pared del templo
 

viernes, 19 de octubre de 2018

Mapas del ejército francés que sitió Barcelona en 1697


Explicó Francesc Nadal que en 1693, al empezar la Guerra de los Nueve Años, las murallas de Barcelona estaban hechas un asco, casi todas pura ruina, y que el único ingeniero que podía ponerse a trabajar para rehacerla, de tanto trabajar con planos (ahí él aprovechó para hacer notar sus gafas), casi ciego.
Era otra ponencia de las IV Jornades d’història de la Cartografía de Barcelona, presentada por él mismo y por Carme Muntaner. Lo suyo fue del análisis de ls mapas del ejército francés que sitió Barcelona en 1697. Vendome, quien mandaba a los franceses, llegó al sitio con Lepare y 45 Ingenieros militares, de los que murieron 13. Aunque los defensores ya habían rehecho las murallas gracias a unos cuantos ingenieros enviados para la ocasión desde otros sitios de España, el desnivel de técnicos era brutal.
Como una de las conclusiones curiosas, la constatación de que las formaciones de uno y otro bando parecían intercambiarse con suma facilidad. No creo que fuera por la sofisticación de sus sistemas de espionaje...
Al ser mapas militares, en la época -que no ahora- sólo les interesaban las defensas. No la trama interior de la ciudad.






 

La evolución de la fachada marítima

Vista de Wijngaerde (1563)

Son un par de hermosas vistas de Barcelona, posiblemente de las más conocidas de entre las primeras completas y conservadas, correspondientes a Wijngaerde (1563) y Boisseau (1645). El equipo formado por Albert Cubeles, Ramon Pujades y Mikel Soberon han manejado muchas más en el proyecto de investigación que presentaron el miércoles en las “IV Jornades d’història de la cartografia de Barcelona”.
Su objetivo, muy ambicioso y lleno de unas dificultades de las que nos pudimos en seguida hacer cargo, es llegar a determinar la evolución de la fachada marítima de Barcelona a través de las vistas urbanas de multitud de mapas de la ciudad que han llegado a nuestros días.
Aunque se disponga de la fecha de elaboración del mapa, y por mucho cuidado con el que aumenten y observen el detalle de cualquiera de esas vistas, serios peligros de errores les acechan. El primero y más importante, que casi todos los mapas parten, más que de la realidad, de otro mapa previo, pudiendo entonces registrar, dando por válidas en la fecha del mapa, cosas que han cambiado. Pero aunque el mapa esté realizado en buena parte mediante observación directa de la realidad, hay muchos más: simplificaciones, conscientes falsedades de las perspectivas para destacar algún elemento sobre otro, licencias artísticas, etc.
Una minuciosa y detallada mirada comparativa entre los elementos de la fachada marítima de Barcelona, combinada con la consulta de otro tipo de fuentes documentales, les lleva a aconsejar ser muy prudentes al observar un mapa datado. No todo lo que se ve por ahí puede ser tomado al pie de la letra.
En cualquier caso, fue una gozada, para alguien no muy versado en estas cosas como yo, apreciar la cantidad de detalles que pueden aportar los mapas observados adecuadamente. Un ejemplo un poco tonto: He visto hasta fotografías muy claras de las murallas de mar, derribadas en el siglo XIX, que al parecer fueron durante todo ese siglo, hasta su destrucción, un lugar ideal para el paseo de los barceloneses. Últimamente circula, ademas de la vista general de la muralla de mar, alguna fotografía de la calle bajo muralla (la que separaba la muralla de las primeras casas) y hasta alguna de las escaleras de acceso desde esa calle al paseo de encima. Pero el miércoles me quedé boquiabierto al ver algo que desconocía en un detalle ampliado de la vista de Wijngaerde. Desde la parte baja de las Ramblas subía una rampa, dando una curva, para que los barceloneses que “rambleaban” pudieran continuar el paseo por la muralla.
Es un ejemplo, pequeño si se quiere, del sedimento que pueden llegar a dejar unas jornadas como éstas. Eso ya no se me olvidará, y cada vez que circule por ahí, mentalmente estaré viendo la rampa, imaginando el ascenso.

Vista de Boisseau (1645)

En su presentación, los ponentes van anotando las novedades constatadas y señalando los defectos para una consideración literal de lo visto.

Aquí también lo mismo. Por una parte señalan la constatación de la desaparición de un puente de madera que unía un palacio con la muralla, detalle que nos hicieron ver en mapas previos. Por otra parte, aunque no con el grado de detalle de otras transparencias, nos hablan de los errores de las vistas contempladas.

Cubeles, segundo por la izquierda, fue quien hizo toda la presentación, aunque estuvo acompañado por los otros dos investigadores. A la izquierda, Ramon Grau, uno de los coordinadores de las jornadas.
 

jueves, 4 de octubre de 2018

Vallcarca

- [ ] Un paso más de la Vallcarca enseñada por David Castillo. Una casa de las de cota alta, de esas de esquina redondeada que tanto me gustan y la sede de los talleres de la factoría Bruguera. Todo un mito, ahora hasta peliculero y literario.



La casa del fondo también fue en su día de Bruguera.


El director del centro cultural actual guarda guarda en las paredes de su despacho recuerdos del mundo de Bruguera.
 

martes, 2 de octubre de 2018

Vallcarca

Cuarta (tranquilos, que esto está llegando a su fin) de las entregas del paseo organizado por David Castillo por Vallcarca. En esta ocasión, la masía que era propietaria de todos los terrenos, Can Mora, la expansión del colegio del Opus por terrenos protegidos, la parroquia de N. Sra del Coll y la plaza Salvador Allende.






 

lunes, 1 de octubre de 2018

Vallcarca

Tercera entrega de fotos del paseo de David Castillo siguiendo el libro de Juan Eduardo Cirlot sobre Vallcarca. En este caso, penetramos en el parque Güell, pasando junto a la fuente de Sant Salvador. Pero no está de más un pequeño desvío para ir al mirador del Virolai, con placa dedicada a Joan Sales, otro vecino de la zona.

David Castillo, con su camiseta “Decepcionar es un placer”, leyendo a Cirlot.

Vista de Barcelona, con el tumor en expansión de la Sagrada Familia a la izquierda, desde el camino superior del Parque Güell.

La placa dedicada a Joan Sales (“Incerta Glòria”, fundador de El Club Editor) en el mirador del Virolai. Un rockero éste sí con varias sustancias sospechosas introducidas en su cuerpo, con la risa floja, exhibía mallas aleopardadas para todo el cuerpo y amenizaba musicalmente la vista, impresionante a esa hora de la tarde (tanta propiedad urbana...).
El mirador del Virolai. La vista no alcanza lo de la del Turó de la Rovira, pero en cambio tiene una mejor perspectiva sobre el Eixample Central.

Virolai, un colegio del Opus ocupando parte de la cima de la Montanya Pelada. Para desesperación de los vecinos, tras haber destruido varías casas por estar en zona de protección, se ha dejado al colegio ampliar sus instalaciones creciendo sobre el terreno ganado con esas actuaciones, en teoría protegido.
 

Sombrerería Mill

La veterana sombrerería Mill, en contra de mis más negros augurios, ha vuelto a su sitio original en la calle Fontanella después de las obra...