El edificio de la primera fotografía, machacado por algún que otro deterioro y los grafitis, era el de la revista "El Papus", en la plaza Castilla. Allí murió el pobre conserje al estallarle en sus manos una carta bomba enviada por un grupo ultra. Todos los cristales saltaron por los aires y no todos se llegaron a reponer.
Ahora lo están reahabilitando. Le cambian la cristalera exterior, dotando a todo el edificio de una nueva fachada. Han empezado por un extremo, ahora los andamios están en la zona media (en la que estalló la bomba con toda su potencia) y supongo que finalmente le tocará el turno a este último trozo.
Hasta ahí perfecto. Antes de la restauración todo el edificio ofrecía un aspecto ruinoso y sucio, incluso más decrépito que lo que se ve en la foto, y eso se trasmitía a la plaza.
Donde empieza el problema -y al menos para mí eso es ya ahora un real problema, difícilmente abordable, de toda la ciudad- es cuando ves que el trozo del edificio ya rehabilitado está siendo de nuevo invadido por los grafitis (segunda foto). ¿Soy yo o éstos ya son una plaga, que igualan la ciudad pero en el sentido de arrasarlo todo por igual, sin respetar nada, por mucho que el elemento que los sufra esté pensado y hecho con extremo cuidado?


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