Ahora se oyen perchas que se sacan y vuelven a colocar en su sitio, porque una clienta ha querido ver de cerca uno u otro vestido. Eso cuando acaba la canción sabrosona que domina el ambiente, haciendo mover sus piernas en un rincón a ese que ha acompañado a su mujer y vigila a su hijo durmiendo en el cochecito.
Antes eran otro tipo de sonidos, pero el caso es que siguen existiendo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario