miércoles, 8 de noviembre de 2017

La Pubilla


Dos puntos negativos habían hecho que aún no hubiera ido a probar su famoso menú de mediodía, ahora a 16 euros. Primero: que estaba siempre lleno, y era muy difícil encontrar sitio. Segundo: el comentario de que, pasado su enorme éxito inicial, había perdido un montón.
Pero el otro día hicimos el periódico encuentro de lo que -haciendo uso de la postverdad esa- llamamos la reunión de ex-alumnos y planificamos ir a comer a La Pubilla. Teníamos reserva. Avisaron que era a las 14.15h y que a las 15.15h debíamos estar fuera. Al llegar había un montón de gente en la entrada, junto a la barra de inicio. Pero en un instante nos prepararon nuestra mesa para cuatro en el enano comedor y nos fueron sirviendo a la velocidad del rayo. Tras cada plato el que estaba hablando recibía la presión del camarero para acabar, pues llegaba con el plato siguiente (el segundo, pero también el postre) preparado. Acabamos como diez minutos antes y, para satisfacción de los que estaban esperando el siguiente turno, fuimos a tomar el café a otro lado más tranquilo.

Dicho todos estos inconvenientes, a los que sumar el follón que preside el local, comí de fábula. Tanto el primero como el segundo y el postre que escogí de entre las respectivas tres opciones estaban delicioso. Me dio que los demás escogieron un poco peor, pero también salieron contentos. 

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