Un ejemplo palmario de lo que pasa cuando se hace un diseño de parterres de jardines que va contra toda la lógica del flujo de la gente. Acababa de cruzar -por su semáforo- uno de los sentidos del paseo y me dirigía a cruzar la calzada del otro sentido también por donde está colocado su semáforo. Confieso que no fui hacia la izquierda unos 25 metros para alcanzar el camino que lleva de ninguna parte, en diagonal, al nuevo paso de peatones...
Siempre que me encuentro con un caso así me pongo a pensar si acabarán oficializando (rediseñando todo el layout) el camino abierto por la gente. También pienso en un caminito abierto en un solar del pueblo donde veraneaba de crío, que fue el que visualicé cuando en el cole me explicaron lo del derecho de paso, que hacía legalmente que si el camino se había formado por la costumbre, pasase a ser público, impidiendo al propietario del terreno cerrarlo y dejarlo para su único disfrute. Pasado el tiempo vi que eso no había ocurrido, y la gente debía dar el correspondiente rodeo.
Manías tontas con las que enreda uno su pensamiento paseando por aquí y por ahí.

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