Vista anoche, sin coches, la casa de Puig i Cadafalch de la esquina Buenos Aires / Casanova parece una de las "torres" residenciales de un barrio alto de la ciudad. Nada más lejos de la realidad, dada su situación al lado de la parte central de la Diagonal.
Aventuro ahora que la evolución de su uso puede servir (quizás esté influido porque por fin estoy acabando la lectura de "El cura y los mandarines") de alegoría de los tiempos que ha ido viviendo la ciudad y nuestra sociedad. Acudo, al menos para sus primeros usos, a la información de la red: Construcción en 1911 por Puig i Cadafalch por encargo de la familia Company (a los que no he sabido encontrar de dónde les llegaba el dinero) como pujanza económica del cambio de siglo en Barcelona. Desde 1920 hasta la guerra civil, propiedad de la familia Rosal, propietarios de Manufacturas Rosal, como evidencia del gran poder del empresariado textil en Cataluña. Durante la guerra civil, época de confiscaciones, dependencias del Comisariado de Orden Público de la Generalitat. En la postguerra, un "famoso" ginecólogo, el Dr. Colet, se hace con la propiedad del edificio de Puig i Cadafalch, reformando a lo bestia todo su interior (como idea sobre las nuevas clases poderosas). En 1982 una maniobra extraña de cambio de propiedad, propia de los nuevos tiempos, en que -dicen las páginas consultadas- el Comité Olímpico Internacional de Samaranch acaba "cediendo" a la Generalitat el edificio como sede de un Centro de Estudios y Museo del Deporte, aunque el museo yo lo vi no en el edificio de Cadafalch, sino en unas dependencias de un edificio vecino. Y la debacle final actual: No hay forma humana de saber si el museo sigue abierto. Por lo menos nunca se anuncia ahí nada -antes sí- en su exterior (quizás porque ya se abrió todo un señor museo del deporte en Montjuic...), mientras sigue funcionando, por lo que parece, ese oscuro centro de estudios, o algo que ocupa a gente que se ve de tanto en tanto por ahí.

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