Este verano la proporción de comercios chinos en Barcelona habrá aumentado una barbaridad. No porque haya habido una gran inmigración inesperada, sino porque se mantienen abiertos, mientras que el universo “comercios” de la ciudad, con muchos cerrados por vacaciones, ha descendido.
Ahora empieza a ser significativa esa proporción en el sector hostelería, con la adquisición –siempre fajos de billetes en mano- de cantidad de bares tradicionales. Éste de la foto, no obstante, es del sector de actividad original, el “todo a cien”, las baratijas. Supongo que su contenido no llevará a enormes alegrías, pero debe decirse que, en mi opinión, se han esmerado con este reclamo tan bien puesto y de tanto colorido.

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