Estaciones fantasma (censadas en esta misma línea las de Correos y Banco), refugios en tiempos de guerra, zonas de escapatorias imposibles en muchas películas, hasta que llega el tren deslumbrando. O bien, tan sólo, el recuerdo de unos ojos de niño bien abiertos, en la zona acristalada que tenían entonces los trenes junto a la cabina del conductor.
Todo esto hizo un viaje rápido por mi cabeza, ayer, al ver iluminado este tramo de viejo túnel junto a la estación de Jaume I, en Barcelona.

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