Pues parece que esta vez sí. Se han atrevido por fin a quitar los kioscos de helados, de camisetas y gorros del Barça, de especialidades gastronómicas catalanas,… que substituyeron a los de pájaros y otros animales domésticos de la Rambla de los Estudios y la convirtieron durante muchos años en un paseo de feria de pueblo en fiestas.
Por cierto: con las obras de reforma actuales se ve que descubrieron los cimientos de los Estudis Generals, el edificio de la histórica Universidad que daba nombre a este trozo de las Ramblas.
No tiene nada que ver, pero debajo de la fariola del arquitecto Azúa con la que se inicia las Ramblas, se recordaba a Navalny, ante la indiferencia de los transeuntes. Causa escalofríos que sepamos de casos como el de Navalni o Khasogghi y sigamos tan panchos, como si nada.



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