Ya había sacado por aquí fotos del pasaje Sant Felip, pero es que es una tentación –como nos pasó ayer- atravesarlo despacio, respirar su atmósfera, observar una u otra de sus casas y, ya puestos, hacerle alguna fotografía, para retener la imagen.
Forma parte de los paisajes de mi infancia, porque pasaba por ahí cada día al regresar a casa desde el colegio, pero mucho más de la de Joan Margarit, por ejemplo, que recuerda el patio posterior de la casa de sus padres, donde se pasaban la mayor parte del día.
Muy reformada y arreglada.
Con escalera a lo palacio de Chambord, o algo así.
En ésta -como comentó una hija mía- por arriba se les fue de las manos.
Creo que era ésta la que fue casa de un sacerdote.
Y es que lo que habían sido casas relativamente modestas son ahora sitios de privilegio.
A contraluz, el pasaje.







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