Hace ya bastantes años leí que, congestionada hasta el infinito la ciudad de El Cairo, la explotación máxima se estaba dando en los terrados de sus edificios. Era una multitud la que vivía ya -de forma ilegal- en ellos, aprovechando como están de alejados de la simple mirada desde la calle. No sé ahora, con la proliferación de drones.
En Barcelona una buena explosión silenciosa se está dando en explotación de sus terrados. Muchos acumulan de cualquier forma toda la porquería -maquinaria de aparatos refrigeradores, de acondicionadores y tratamiento de aires, por ejemplo- que la legislación prohíbe por fachadas y que reducirían metros cuadrados habitables. Pero en los últimos años basta subir a algún observatorio más elevado de lo habitual para darse cuenta de la proliferación de piscinas y terrazas de bares. Casi todas son un buen método de dar con los edificios que han dejado atrás su función y han pasado a ser hoteles o apartamentos turísticos.
Parece ser que muchos han conseguido el correspondiente permiso abriendo su condición de abiertos al público, por lo que yo me digo que ya establecidos, a mí que me gustan esos puntos de vista elevados, que siempre te ofrecen una perspectiva inusitada, hay que aprovecharlos. Es verdad que el uso integral de una de esas terrazas te puede suponer un ojo de la cara en forma de café, aceitunas rellenas, patatas fritas o incluso vaso de agua. Pero también es verdad que, echándole un poco de cara -a mí me cuesta, lo reconozco, por lo que espero ir acompañado, si alguien se anima- siempre toca la inspección decidida, el paseo, la observación del panorama y el adiós muy buenas.
Esta foto la saqué el miércoles pasado. Arriba, justo debajo del acondicionado terrado, lo pone, pero como estaba oscuro, por si acaso, diré que es el Gran Hotel Havana, en la Gran Vía esquina Girona.

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