viernes, 29 de julio de 2016

Cementerio del Poble Nou

El famoso beso de la muerte.

Me comentan que me estoy poniendo de un alegre subido con mis entradas, por lo que deberé acelerar y acabar cuanto antes de colgar fotos del cementerio del Poble Nou. Ahora unas cuantas de las tumbas más destacadas.

Nos hizo gracia el descanso que se estaba tomando este ángel con su trompetín, en espera del juicio final.

Una de las primeras etapas del recorrido recomendado por el propio cementerio. Cogieron al pobre hombre ya fatal, muy maltrecho.

No sé si será la tumba de un constructor, un técnico o un masón. Destaca, en cualquier caso, ese "Es propiedad de los dos". Será porque el derecho catalán tiene la separación de bienes, y estas cosas de la propiedad se ve que se arrastran hasta la tumba.

Acercando la foto puede leerse el escrito de la señora que hizo erigir esta tumba tan ostentosa. Si yo fuera el finado, me daría vergüenza.

Creo que era Clavé.
 

Cementerio del Poble Nou


Clavados en tierra, pero apuntando a un cielo al que vete a saber con qué garantías se le pide que lo arregle todo, incluida una ansiada vida eterna. El cementerio del Poble Nou, como todos, está lleno de tumbas que lanzan elementos con fuerza hacia arriba. Aunque la quinta y última foto del paquete deja claro que fuera de la tapia del cementerio la cosa funciona más o menos igual.






 

jueves, 28 de julio de 2016

Tumbas gitanas del Cementerio del Poble Nou

La atracción del cementerio del Poble Nou, señalada con placa y todo en el recorrido oficial que se ofrece a los visitantes, es desde luego la tumba (un nicho que ha colonizado a todos sus vecinos) del "Santet", del que se siguen comercializando sus eventuales milagros. Pero ya fuera de recorrido oficial llama poderosamente la atención el colorido de las tumbas gitanas.
Rebosantes de variadas flores de plástico, con sus letras doradas, fotografías del finado sonriente en traje casi televisivo de gala y con frecuente ostentación de su coche, su kitsch supera, al menos en cuanto a seguimiento de un cierto orden estético, sin desviaciones, al del entorno del Santet.


Tío Lisandro.

Detalle superior de la tumba de Tío Lisandro.

El traje y el coche de Tío Lisandro.

Un anexo de la tumba de Tío Lisandro, unos cuantos nichos más allá.

Llegando al límite del recinto, una con cabina que destaca.

Es de los Román Heredia.

La obsesión por la ostentación del coche.

Conguito.

Fín del pequeño recorrido monográfico.
 

miércoles, 27 de julio de 2016

Cementerio del Poble Nou


Hoy, recorrido por el cementerio del Poble Nou. No había estado desde hace muchos años, cuando toda la zona de los panteones históricos presentaba un aspecto lamentable. Ahora esa zona y todas las demás están muy bien mantenidas y cuidadas. A la entrada del recinto ofrecen un prospecto con un recorrido sugerido por las tumbas más notables y algún nicho que se ha hecho popular. Seguido de forma aproximada, iré poniendo por aquí alguna de las fotos hechas. 

lunes, 25 de julio de 2016

Facultad de Geografía e Historia de la UB


Ayer quedé en la entrada de la Facultad de Geografía e Historia de la UB y di unas pocas vueltas por ella. A ver. No es que crea que se deba llegar a la solemnidad de la del edifico de la central, en la plaza de la Universidad. Pero ni tanto ni tan calvo. Entiendo que no se quiera dar la idea de que entras en un lugar elitista, al alcance de pocos. Pero creo que tampoco hay que exagerar la nota y dar a entender lo que puede interpretarse aplicando el carácter simbólico que querían dar a sus entradas, por ejemplo, los edificios de la derecha de l'Example. 

viernes, 22 de julio de 2016

Aparcabicis


Simulando que es posible ir viviendo como tal cosa mientras un descerebrado puede liarla en cualquier momento de forma indiscriminada contra la multitud (cuando uno pensaba que eso estaba constreñido a los daños colaterales de las acciones militares que perpetramos tan lejos), pongo la foto del aparatito que, como prueba piloto, vi el otro día para aparcar la bicicleta evitando que vuele.
El invento es, por una parte, feo a conciencia. Se parece a un dispensador de bolsas para recoger las cagadas (en plan literal) del perro doméstico cuando se le saca a pasear, pero con el aditamento de una serie de cables como tentáculos que salen por ahí. Sus instrucciones son muy precisas. Debes poner el casco (malo: eso quiere decir que si funcionase mínimamente, que por suerte no creo, se implantaría inmediatamente la obligatoriedad de ir con casco) y el sillín por un agujero determinado, y a continuación liarla parda atando los cables por aquí y por allá dejando al conjunto, me parece, como a un regalo envuelto y atado por un servidor.
Otro invento que debe su aparición a la paranoia (que parece en este caso obedecer a una realidad, vistos los candados atados a un palo o una rueda que se observan por diferentes zonas de la ciudad) que arrastramos con eso de la "seguridad", propulsora, por otra parte, de los mayores avances en el mundo de la construcción, por ejemplo. Otra demostración más de eso de que no se va nunca a la raíz de los problemas, sino a sus consecuencias finales, a ponerles un parche que los agudiza.


 

miércoles, 20 de julio de 2016

Millà


La Millà ya ha vaciado por completo sus estanterías y está en obras. ¿Qué habrán hecho de su archivo teatral? Me dicen que siguen conservando un puesto en el Mercat de Sant Antoni, y supongo que también seguirá la editorial, con sus calendarios payeses y todo lo demás. Lo que está claro es que su material ya no está en la antigua librería.


 

American Bar


Ayer, sobre las 20,30h. Desde el furor de las Ramblas, el inicio de la calle de Sant Pau, que lleva a la Filmoteca. Una pareja revisa las fotos del día y despacha en sus móviles la correspondencia tan ricamente sentados en el balcón de su habitación, justo sobre el American Bar, el que popularizó las patatas chip, hoy un local del Aromas de Istanbul.
 

domingo, 17 de julio de 2016

Vallvidrera


La última fotografía de Adolf Mas del libro “Barcelona 1900-1917. Els reportatges d’Adolf Mas” (Blanca Giribet, Viena Ediciones, 2014) que cuelgo por aquí. Es de la plaza de Vallvidrera que, pese a las múltiples transformaciones sufridas, sigue muy reconocible. A la derecha, Casa Trampa, aún hoy activa.
 

La grapadora de la plaza de las Glorias

No toda la superficie, ni mucho menos, pertenece a la grapadora.

Dije que colgaría una entrada sobre el Museo del Diseño en la Plaza de las Glorias, con promesa de dar paso a la polémica, y así animar -sin cansarse demasiado- el cotarro de esto del Facebook. Seré exagerado precisamente con este objetivo, y la primera exageración es precisamente hablar del edificio y de su uso cuando sólo acabo de ver su interior ahora, en un par de días consecutivos, y sólo uno de ellos entrando en sus áreas de pago. Antes sólo había contemplado su silueta pasando por ahí en coche, primero por el anillo elevado que acabaron derribando, luego por el recorrido provisional, hasta que se haga el paso subterráneo que asesinará definitivamente a la Estación de Francia.
Desde luego tiene cosas que valoré positivamente, claro, como unas cuantas vistas (aunque de difícil acceso) o la tranquilidad y perspectivas de su cafetería, en la que estuve departiendo la mar de bien con unos amigos, pero me centraré en aspectos que lanzo en su contra. A ver:
1.- Concepto global del edificio.- Será debido a la edad, pero ya desde hace un tiempo prefiero mil veces el modesto museo provincial al enorme museo nacional. En este último siempre acabas viendo rápido y mal buena parte de su oferta, por eso de aprovechar que "ya que estamos aquí, demos una vuelta rápida por esa sección". Acabas saturado, mareado, como salido de una maratón. Éste no sería un defecto atribuible al arquitecto, que simplemente ha recibido el encargo y lo cumple como puede, pero es que creo que en este caso el concepto de museo global del diseño, concentrando a otros dispersos, viene de Bohigas, uno de los del despacho que firma la obra. Por un lado eso de concentrar en un único sitio todo lo correspondiente al diseño es imposible (¿y el diseño textil, o se deja para el de Terrassa? ¿El cómic para él siempre aplazado museo de Badalona? ¿Acaso no es verdad que todo debe ser diseñado?). Por otro lado, este pomposo Disseny Hub (¡aparta de mí este nombre!) corresponde básicamente a la unión de tres colecciones, que ya daban cada una de ellas para una buena visita, con ubicaciones tan buenas como la del palacio de la calle Montcada para el Museo téxtil y de indumentaria Rocamora. La aberración ya llega, en mi opinión, al límite cuando ves que se ha concentrado en un único espacio... en el que no cabe todo lo anterior. Así, en la sección propiamente dicha de diseño, y entiendo que sólo es así por cuestiones de falta de espacio, esos cuatro muebles modernistas que no parecen venir a cuento quedan más bien ridículos. Y así hay varios ejemplos. Lo que parecía querer ser el exhaustivo, apabullante, museo del diseño queda reducido, en realidad, a una cata del mismo.
2.- Integración en la plaza. La directora del museo habla orgullosamente de su integración en la nueva plaza que está surgiendo, de "rovell de l'ou" del nuevo barrio, que reúne nuevas formas sofisticadas de trabajo (el 22@) con un sustrato popular. Yo creía que la famosa "grapadora", que es lo visible desde todos lados, era el conjunto del edificio. He visto que, al contrario, existe mucha más superficie a los lados. Y, pese a ese intento de camuflaje poniendo plaza o hierba en los terrados de estas alas, veo el conjunto más como una auténtica barrera a la circulación de los transeúntes de uno a otro lado de la zona que otra cosa.
3.- Forma del museo. El famoso voladizo que le ha facilitado el nombre popular de "Grapadora" (me hicieron notar que viendo como frente el lado opuesto también había dado pie al de "Perrito"), que ya digo en el punto anterior que no es, ni mucho menos, el total de superficie de la plaza ocupada, por mucho que Oriol Bohigas ya tuviera presente posibles cambios de la plaza me da la impresión de que estaba hecho así para acoger bajo su arriesgada forma el anillo circulatorio preexistente. A Bohigas le gusta la ciudad y su follón (baste oírle hablar de la Meridiana, de su oposición a cubrir las rondas, etc), y esa forma avanzándose, cubriendo y abrazando al tráfico yo creo que le daba su máximo sentido. Por eso, por otra parte, digo yo, no hay terrazas en este lado del edificio. Derribado el anillo de las Glorias, yo diría que ha perdido buena parte de su sentido.
4.- Usos internos.- Lo anterior se agudiza cuando se ve que buena parte de ese arriesgada forma abultada del edificio se dedica a escaleras mecánicas, quedando en realidad bien poco del conjunto para sala de exposiciones. Solo la sala de exposiciones temporales (que no visité), de una forma mucho más clásica, la de paralepípedo rectangular, un ortoedro, parece ofrecer sin problemas espacio. Y al menos sorprende el uso extensivo de escaleras mecánicas después del resultado económicamente desastroso que dieron en el CCCB.
5.- Caóticos flujos internos.- Éste es un tema que, quizás por deformación profesional, me enerva especialmente. Ya tenemos un ejemplo en el edificio de la Filmoteca, en el que nadie calculó mínimamente los flujos que ocasionaba el hecho que debían llenarse y vaciarse continuamente dos salas subterráneas de exhibición. Aquí estábamos en la planta inferior (acceso calle Ávila) y compramos la entrada para el museo. Nos dijeron que lo mejor era subir hasta arriba del todo y luego ir bajando piso a piso. Me gustó, porque es lo que suelo hacer en todos lados, subiendo en ascensor por aquello del ahorro energético, para luego, aprovechando la energía acumulada, ir bajando por las escaleras planta a planta. Pero nos desaconsejaron el uso de los ascensores. De modo que debimos hacer los no sé si seis tramos de escaleras mecánicas (no todos con vistas que las aconsejasen) hasta la cúspide. La sala superior -muy interesante, dedicada a una muestra de portadas de libros y carteles de las diferentes décadas del siglo XX- ya me desconcertó un poco. La escalera de subida te deja en una puerta de acceso a media sala, y tienes que retroceder hasta la puerta que da acceso a la escalera mecánica de bajada para iniciar la visita si quieres empezar por un orden cronológico. Pensé en un error de diseño en el museo del diseño, y que debieran cambiar el sentido de las escaleras, para que todo se utilizara como correspondía, pero luego disculpé la cosa viendo que en el extremo de por dónde habíamos entrado había espacio -me dije- para ir creciendo las filas de exhibidores con la producción de las nuevas décadas por venir. Nos acostumbramos a entrar, pues, por la puerta de en medio de cada planta, e ir hacia la puerta de salida para iniciar su recorrido, para regresar de nuevo ahí una vez visto todo el contenido, e ir al piso inferior. Pero resulta que en una de esas salidas la escalera ya no va en el sentido del de las otras plantas, y debes volver a la puerta intermedia, una vez te habías acostumbrado. Protestamos sonoramente al chico que vigilaba la planta, preguntando por qué nos despistaban de esa manera, y él confesó que tampoco entendía esos diferentes recorridos.
6.- Materiales no experimentados.- El problema de hablar de algo que no se conoce bien es que puedes pifiarla de lo lindo, pero allá voy. En las fachadas laterales de la grapadora unas cintas que sale de las junturas de las piedras se agitan, sueltas, al viento, como si fueran cintas de las antiguas casettes de sonido. Me da la impresión de que pueden ser elementos de los materiales de construcción que se han secado, soltado y caído.
Bueno. Ya es más que suficiente. Perdón por el enorme rollo, que me he pasado.
A ver si alguien me contradice (con buenas formas) y me hace bajar humildemente la cabeza. Estaría contento, de verdad.

Entrada desde la calle Ávila.

Desde els encants nous se aprecia mejor la cara del perrito.

Escalera mecánicas entre las dos plantas inferiores del museo.

El huevo de las escaleras mecánicas de la zona de obra permanente.

La cafetería. Al fondo tiene también una terraza exterior, pero siempre aislada de la plaza.

Al fondo, la sala de exposiciones temporales.

Pasarela de acceso por la calle Ávila.

Desde fuera, la sala de exposiciones temporales.

Cafetería y, al fondo, la sala de exposiciones temporales.

Desde el primer piso, la entrada de la calle Ávila.

Terraza con vistas al 22@, sin acceso cuando estuve.

Planta superior. Foto hecha desde la puerta de entrada (casi acabados los exhibidores has de ir a la puerta de salida (al fondo, a la izquierda) para iniciar el recorrido de la exposición. Y luego volver ahí para salir, claro.

Hueco de las escleras mecánicas de la zona de exposiciones permanentes. Con recorridos no siempre homogéneos.

Desde una ventana de las escaleras visión de la plaza en obras. En la fachada lateral se ven un poco las cintas de que hablo. ¿Alguien sabe qué son?
 

sábado, 16 de julio de 2016

Terrados


Comentando esta esclarecedora fotografía de Adolf Mas en el libro “Barcelona 1900-1917. Els reportatges d’Adolf Mas” (Viena Ediciones, 2014), Blanca Giribet da una información muy interesante: Que es a principios del siglo XX cuando todos los nuevos edificios de Barcelona “sustituyeron progresivamente los tejados por terrados, un nuevo espacio para los usos y las prácticas de la vida cotidiana, vinculados a las costumbres de las clases trabajadoras. Ahí transcurría la vida de muchas familias: tenían lugar los juegos infantiles, se tendía la ropa, se sacudían los colchones, se construían palomares y se celebraban verbenas comunitarias.”
Aún pesqué alguno de esos usos. Ahora, podría decirse, se está produciendo otro desalojo en lo que era uno de esos espacios dejados de la mano de Dios. Quizás regresen a ellos cierto tipo de verbena, pero ya no será nunca del estilo de verbena popular, con lanzamiento de globos de papel. Será uno de los servicios que ofrecerán los sofisticados hoteles (que se están haciendo con un porcentaje elevadísimo de terrados del casco antiguo de la ciudad) a su clientela.

 

viernes, 15 de julio de 2016

Septimania / Zaragoza


Con un contraluz que sienta fatal a las fotos hechas con la tableta. Pero quería trasmitir la sensación de extrañeza, por inusual, que ofrece a este rincón el árbol ahora florido, el pequeño patio de la casa y la yedra explosionando desde él, cubriendo poco a poco de verde toda la fachada y esperemos que pronto la nefasta medianera posterior.

Es Septimania esquina Zaragoza. La casa seguramente aún debió ver el tranvía que subía por esta última calle, para dar la vuelta un par de manzanas más arriba, en la calle Julio Verne, que imagino que debía tener esa forma circular en un barrio de retícula perpendicular por este motivo. Por esa puerta tapiada y lo que ahora es una ventana enrejada se entraba a la tienda de "Plats i Olles", repleta en el pequeño vestíbulo de muestras de la cerámica y sobre todo terracota que vendía. La dueña de la tienda, bastante huraña en el recuerdo, asomaba en cambio habitualmente por la puerta, asaltando a los conocidos del barrio. Muy catalanista, con mucha pieza de esas de "Aquí viu un català", despotricaba a la que podía sobre la situación, con el arrojo que para esto ofrece la edad. 

miércoles, 13 de julio de 2016

domingo, 10 de julio de 2016

Casa de les Punxes


Una fotografía curiosa, ésta de la Casa Terrades recién acabada, ocultando precisamente los elementos que le iban a dar su nombre popular, "Casa de les Punxes".
La hizo el reportero Adolf Más y aparece en "Barcelona 1900-1017. Els reportatges d’Adolf Mas” (Blanca Giribet, Viena Edicions / Ajuntament de Barcelona, 2014).

 

Los jardines del baluarte de Santa Madrona

Tan intrigado estaba siempre mirando desde abajo su serie de árboles y pensando cómo sería la parte superior del baluarte de Santa Madrona p...