Simulando que es posible ir viviendo como tal cosa mientras un descerebrado puede liarla en cualquier momento de forma indiscriminada contra la multitud (cuando uno pensaba que eso estaba constreñido a los daños colaterales de las acciones militares que perpetramos tan lejos), pongo la foto del aparatito que, como prueba piloto, vi el otro día para aparcar la bicicleta evitando que vuele.
El invento es, por una parte, feo a conciencia. Se parece a un dispensador de bolsas para recoger las cagadas (en plan literal) del perro doméstico cuando se le saca a pasear, pero con el aditamento de una serie de cables como tentáculos que salen por ahí. Sus instrucciones son muy precisas. Debes poner el casco (malo: eso quiere decir que si funcionase mínimamente, que por suerte no creo, se implantaría inmediatamente la obligatoriedad de ir con casco) y el sillín por un agujero determinado, y a continuación liarla parda atando los cables por aquí y por allá dejando al conjunto, me parece, como a un regalo envuelto y atado por un servidor.
Otro invento que debe su aparición a la paranoia (que parece en este caso obedecer a una realidad, vistos los candados atados a un palo o una rueda que se observan por diferentes zonas de la ciudad) que arrastramos con eso de la "seguridad", propulsora, por otra parte, de los mayores avances en el mundo de la construcción, por ejemplo. Otra demostración más de eso de que no se va nunca a la raíz de los problemas, sino a sus consecuencias finales, a ponerles un parche que los agudiza.


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