domingo, 29 de septiembre de 2024

La Feria del ibro de ocasión y la deriva barcelonesa


No sé cómo aún lo hago, pero me sigo indignando con la falta de rigor y formalidad.
Tengo por costumbre darme cada año un paseo por la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión. No para buscar algo, sino para ver si se da la sorpresa y algún libro inesperado me salta a la yugular.
Decidí ir hoy domingo a primera hora, para evitar calor y posibles avalanchas de gente, por lo que consulté previamente páginas oficiales sobre el evento, no fuera a ser que el domingo estuviera cerrado o abriera más tarde. Como puede verse en el enlace. Ninguna indicación más allá de “Cada día, de 10 a 21h”.
Esta mañana he salido de casa, pues, para llegar al poco de abrir. Decido pasar por Consell de Cent, el nuevo paseo, a esas horas con muy poca gente. Pasada la esquina con la Rambla de Catalunya me giro para hacer, discretamente, la foto (1) a esa señora descansando en la solitaria silla atornillada al pavimento: parece que haga de vigilante del tramo de calle, aunque se le escapa alguna bici por detrás.
He llegado a Consell de Cent / Paseo de Gracia unos cinco o diez minutos después de las diez. Todas las paradas del lado Tarragona del Paseo estaban cerradas, salvo una en la que un tío mantenía una especie de ventana semi-abierta, como preparando algo.
He pasado entonces a ver las del lado Girona, pero ahí aún era peor: absolutamente todas estaban cerradas a cal y canto.
Decido entonces ir a tomar un café en espera de que se dignen abrir. Me escapo del Paso de Gracia por Consell de Cent, dirección Girona, pero todos los sitios o estaban aún cerrados (quizás porque anoche abrieron hasta tarde) o eran establecimientos anodinos, eslabones de cadena que no quiero mantener. Voy cruzando calles, hasta llegar a la ahora también peatonal Girona, donde creía que la Betlem o la Central podrían servirme, pero no habían abierto todavía.
Regreso entonces por Diputación, pero como evito los establecimientos anunciados en inglés, con desayunos y lunch para jovencitos norteamericanos y émulos, me quedo sin mi café. Llego a Paseo de Gracia pasadas las 10,30h, pero la situación de las paradas de libros sigue igual. Sólo en el lado de Tarragona parece haberse abierto algún hueco preparatorio en alguna más.
En mi exploración en busca de un café normal, en el que sentarme y hacer tiempo desayunando (de nuevo), llego a Rambla de Catalunya. Subo y casi alcanzo la calle Aragón, entrando en el Forn Sant Jaume. No quiero estar en la terraza. Miro en la nueva salita para tomar algo que han habilitado, pero sólo tiene tres mesas y están llenas. Me siento ante una diminuta silla en un pasillo frente al exhibidor de helados, paralelo a la fachada, junto a la puerta del local. Pido un café con leche y un croissant y de inmediato me traen un croissant que, como tardan en servirme el café, se queda en seguida sin un cuerno: es de esos de paja. Si el pobre Joan Prats levantase la cabeza…
Continuamente entran, pasando junto a mi, clientes, la mayoría relativamente jóvenes y uniformados de turistas, con lo que las tres chicas que me figuro deben recibir un exiguo salario por su agotador trabajo, no dan a basto. Paciencia. Como va pasando el tiempo reclamo mi café con leche, que parece que una de ellas va a hacer y servirme, pero es una falsa alarma. Tras otra reclamación posterior y luego una apertura de ojos al cruzarse nuestras miradas, me traen el café con leche: “Su café, y disculpe la espera”. No me parece caro (me dicen al ir a pagar que 4,30 eur, aunque luego rectifica: 4,20), pero no ha sido nada de lo que había estado buscando.
Ya son alrededor de las 11,08h cuando llego de nuevo a las paradas, que esta vez, salvo unas pocas -una de ellas se ha abierto ante mis narices a las 11,25h- ya están abiertas (foto 2).
La Feria cada vez ocupa menos espacio en el Paseo de Gracia. Este año sólo dos manzanas del lado Tarragona del Paseo, entre Consell de Cent y Gran Vía- y una en el lado Girona (entre Diputación y Consell de Cent. No he comprado nada. Quizás la parada en la que he estado más tiempo ha sido la del Gremi de Llibreters, que este año han dedicado su exposición a revistas de poesía vanguardistas, de Torres García, Salvat Papasseit (fotos 3 y 4), etc. Su encargado se lamentaba que el libro sobre la exposición, que suelen poner a la venta, no había llegado esta vez a tiempo.
Ya acabando la inspección, espero a que un señor acabe de observar un libro sobre el FRAP que mantiene y sopesa en sus manos una y otra vez. Al final le pido un espacio para observar los libros sobre Barcelona (casi todas las paradas tienen un apartado sobre libros de aspectos de la ciudad) que tiene ante sus narices. El encargado de la librería, que había visto mi gesto previo, que denotaba un cierto interés, y mi expresión más bien despectiva por la baja calidad de lo expuesto, me acerca un libro gordo sobre Barcelona:
-Tengo también este.
-Gracias. Yo también lo tengo en casa -le he mentido.
En la misma parada -mala señal- veo un libro nuestro, que dedicamos, hace mucho tiempo a Albert Vidal, el que alcanzó una cierta notoriedad en el Zoo, representando su “Home urbà”. Le digo que lo tiene entre los de cine y que posiblemente estaría mejor entre los de teatro. “No tengo de teatro”, me contesta.
Y se acabó la feria. Me dirijo a tomar el X1 -que resulta que los domingos no funciona- y paso ante lo que parece que verdaderamente vienen a ver los turistas: todo lo que les digan que tiene la forma de Gaudí. Las masas ante la Casa Batlló son, en sí mismas, un verdadero espectáculo (tres últimas fotos).



Calendario de Xavier Nogués.




 

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