Parte de los pabellones, envueltos de vegetación, con el estanque hoy en mantenimiento.
Se me acumula el trabajo. Estoy como por la mitad de las fotos que quiero colgar del Japón y, como quien dice, iniciando las de la Umbría, no he acabado el mini-itinerario por Sant-Ramón/Maternitat y voy y me lanzo ahora a reproducir lo visto y aprendido esta mañana sobre los Comedores SEAT, de Ortiz de Echagüe y compañía, gracias al 48 horas Open Barcelona.
He salido contentísimo de la visita, sobre todo porque venía guiada por un joven arquitecto -no sé su nombre- que está haciendo ahora su tesis de doctorado sobre arquitectura industrial de los años 50 y ha dirigido una primera visita, con introducción previa apoyada en fotos, del todo sobresaliente.
Hacía bastantes años que quería ver los comedores, creo que desde que vi las fotos que hizo un afortunado que los pudo ver y lo comentó por aquí. Creo que fue Carme Grandas, aunque no estoy seguro.
Me he llevado una sorpresa grande al ver que están en uso por la propia SEAT (con lo que por el momento no parecen peligrar) y por la cantidad de elementos singulares, es decir, únicos, que contienen, dentro de una arquitectura que ya era en la época, y no digamos en España, excepcional.
Para no abusar, colgaré hoy sólo unas pocas fotos, la mayoría parte de las proyectadas previamente a la visita, y hablaré únicamente de lo que he retenido sobre las circunstancias históricas que llevaron a esta obra, tan notable para la arquitectura moderna de por aquí.
Un primer personaje fundamental en la historia de estos edificios es José Ortiz Echagüe, quien fue fotógrafo de renombre, militar, piloto de aviación …y presidente de la empresa aeronáutica CASA y de la automovilística SEAT, ambas desde su fundación.
El primer coche SEAT salió de la fábrica de Barcelona en 1953, y para el diseño de esta fábrica (ha dicho el monitor que hecha a imagen y semejanza de la de Fiat, aunque supongo que sólo en cuanto a concepto de recinto global), Ortiz de Echagüe pensó en Miguel Fisac (ver foto edificio acceso, hoy destruido).
Un hijo de Ortiz-Echagüe, César, pidió a su padre participar en esa gran obra y éste le dio a hacer, acompañado de un par de arquitectos ya experimentados -Manuel Barbero Rebolledo y Rafael de la Joya- el proyecto de los pabellones de los comedores para los trabajadores.
Cesar Ortiz Echagüe tuvo como referencia la arquitectura norteamericana moderna que entonces salía por las revistas de arquitectura, como la de Richard Neutra, y a un Mies Van Der Rohe al que años más tarde intentó emular con los edificios de la plaza Cerdà, hoy dramáticamente echados a perder.
El concepto básico que los arquitectos buscaron para los pabellones fue el de transparencia y ligereza y otro fundamental, su integración con la naturaleza. Por eso los diferentes comedores (ver plano, en el que el número 1 corresponde al comedor de los invitados, el 2 al de los ingenieros, el 3 al de los jefes y el 4 y 5 al de los trabajadores) estaban rodeados de jardines a los que dirigían los frentes de cada uno, cubierto por una superficie de cristal y unas lamas que podían abatirse en función del sol.
Según nos han explicado, al ser los terrenos muy inestables, un cálculo de cimientos a base de pilotes necesariamente muy profundos aupaba esta partida hasta el 50% del presupuesto total. Fue entonces cuando Ortiz-Echagüe padre aconsejó a su hijo trabajar con aluminio, al que estaba muy acostumbrado por ser éste el material de los hidroaviones que fabricaban en CASA.
Pilares, lamas (estilo alas de avión, que se plegaban o desplegaban con el mecanismo del tren de aterrizaje) y techo, así como otros elementos, se hicieron en aluminio, ofreciendo de ese modo una ligereza real a todo el conjunto asombrosa. Solo los muros posteriores eran de ladrillo (“alumino: ligereza y actualidad. Ladrillo: cerramiento y tradición”, decían en la memoria del proyecto), lo que quizás fue una suerte, porque llegaron a temer de verdad que una buena ventilada se los llevara volando.
Construido todo con base a un modulo 1,60 (baldosas suelo y plafones techo cuadradas de 40 cm de lado, y todo dispuesto con múltiplos de ese módulo y amueblado con sillas de diseño importadas (las mesas fabricadas aquí imitando lo visto fuera), más que hablarse de su construcción, nos han comentado, debería hacerse de montaje, como puede verse en una foto,en la que un posible obrero de la fábrica, con mono y zapatillas de estar por casa, está con unas novedosas pistolas mecánicas remachando las cubiertas.
Fachada edificio acceso a la Fábrica SEAT (Miguel Fisac), hoy derribado.
Planta definitiva. Los cuadradillos hablan del módulo constructivo. El 5 son las cocinas, que utilizaban vapor de calderas de la fábrica. Desde allí, por el pasillo de arriba se distribuían los alimentos a los diferentes pabellones, que siempre apuntaban visualmente al jardín.
Fijarse en el obrero del extremo inferior derecho y, más concretamente en su calzado…
Desde el exterior, plafones cuadrados originales en uno de los pabellones.
Cubierta ondulada a modo de la ya entonces existente Uralita, pero con el canal más estrecho y en aluminio.
En la parte superior (que no impide la visión de la vegetación de alrededor), lamas que pueden orientarse para proteger del sol. Aquí verticales. En otros pabellones horizontales y en el pabellón orientado al norte no existen.
Manet pa puerta de entrada al pabellón del comedor de trabajadores dibujado por Fisac para el edificio de acceso.
El comedor, hoy en día. Esa rejilla cuadrada del cristal superior es un añadido posterior.
Para el pionero sistema de aire acondicionado, sí las aperturas previstas en los vidrios delanteros y posteriores y la corriente de aire formada correspondientemente no era suficiente.
No sé si se verá muy bien. Puerta doble abatible de acceso al comedor, con gomas como las de los coches.
César Ortiz-Echagüe. Hoy casi centenario, después de hacer las obras que le hicieron famoso, se hizo del Opus Dei y se metió a cura.
















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