sábado, 28 de octubre de 2023

Casal de la Font

Una de las casitas del barrio, cuando te deja por ahí el autobús. La calle por donde van los coches es el Passeig de la Font d’en Fargues, que llevaba desde el Paseo Maragall hasta la fuente, que había sido un sitio muy famoso de reunión y tomar algo, pero se deterioró un montón. Me explicaron que ahora la van a restaurar.

Para llegar ayer al FF Cinema del Casal de la Font d’en Fargues hice ruta mediante dos autobuses. El segundo era el V23, que abordé en una parada junto a la entrada inferior del Hospital de Sant Pau. Su trayecto es estrambótico y espectacular. Sube bordeando el recinto del Hospital por la empinada calle Cartagena, luego parece que no quiere abandonarlo del todo y baja rodeándolo por arriba, para cruzar al final la Ronda del Guinardó y subir por una calle aún más empinada que la anterior, que le deja, ya con vistas del horizonte marino, en la Avenida de Montserrat.
Pero no debe estar bien ahí, porque al llegar a la plaza del Nen de la Rutlla (eso es, el parque ese con estatua de un niño que juega con un palo y un aro) abandona bruscamente la avenida para volver a subir, en esta ocasión bordeando el Parc del Guinardó, que es el que, en un extremo, contiene los búnkeres del Turó de la Rovira que ahora se han hecho famosos y atraen a cantidad de turistas.
Cuando las llamativas vistas del mar en un día tan esplendoroso como el de ayer desaparecen, surgen en continuidad todo de casas de muy buen ver y así, de sorpresa en sorpresa, llegas a cruzar el Passeig de la Font d’en Fargas, donde conviene apearse si realmente continuas empeñado en ir al Casal.
Me explicaron que el Casal ese lo costearon los propietarios de las fincas de veraneo del lugar, que tenían en él una cooperativa donde comprar a buen precio, una cantina y hasta un teatro.
Cuando el ayuntamiento democrático se hizo cargo del edificio, que ya llevaba mucho tiempo abandonado, y se puso a restaurarlo, casi se olvida, sólo pensando en el teatro, del cine, pero un grupo de aficionados, encabezados por el catedrático de Física Cuántica y Astrofísico Jordi Torra, hizo rectificar y pensar también en poner una pantalla, que es la que ahora utiliza el cine-club, regido por un entusiasta grupo de amantes del cine.
Pues ahí fui a llevar la sesión de esa joya que es “El extraño viaje” (Fernando Fernán Gómez, 1964) y ahí me quedé admirado de la organización y del éxito de la convocatoria. Asistieron unas setenta personas, que vi eran habituales y se saludaban entre sí. Y, de éstas, más de un 90% se quedaron al coloquio.
Hay cosas, como ésta, que te devuelven un cierto optimismo, ya casi totalmente olvidado por tantas circunstancias.

La calle que mira hacia la Serra de Collcerola donde, esquina con el Passeig d’en Fargues, está el Casal.

Nada más entrar en el auditorio, plas!, el escenario, con estas clásicas columnas de pega que le dan magnificencia y parece que les fastidian un poco los formatos panorámicos, pero ojalá no las quiten.

Y la grada para el público, que me explicaron se pliega como un acordeón, dejando la pista de baile expedita.

Desde el anfiteatro, la gente ya empezando a llegar para la sesión.

La vecina cantina.

La terraza que da a la esquina de calles mencionada.

Y su trozo de vistas hacia Collcerola, el día ya apagándose.
 

jueves, 26 de octubre de 2023

Capilla del Ramón Llull

Una de las cosas que creo más sorprendió a la gente en la visita del 48h Open House BCN a la Escola Industrial del pasado fin de semana fue, al subir un poco más desde el segundo piso del Colegio Mayor Ramón Llull -cerrado desde hace dos años- y abrir unas puertas, dar con su capilla.
Dibujadas por Rubió i Bellver, apenas utilizadas desde su apertura, el haber estado continuamente cerradas ha conservado sorprendentemente sus adornos y colores.










Un ala de habitaciones del segundo piso del Colegio Mayor.

Y el otro ala.
 

lunes, 23 de octubre de 2023

La Maternitat

Para acabar al menos uno de los temas que tengo ahora en juego, pongo unas cuantas fotos del recinto de la Maternitat, destino final del itinerario de Explica’m Barcelona al que asistí.
Sustituto final de la Casa de la Misericordia, surgido en una época en que surgían higienismo y grandes instituciones, es ahora uno de los ya pocos pulmones del barrio. Pabellones ocupados ya no solo por centros hospitalarios como en su inicio, sino de todo tipo de diferentes administraciones, amplia zona de parque, etc.
Quizás la impresión que más saqué al visitarlo -por fuera- es la de la amplitud con la que se planearon las cosas entonces. Claro que (ver la foto histórica), se plantó en medio de campos de cultivo, y no de una ciudad congestionada.


Desde la travesera de Les Corts, y casi el recinto del campo de fútbol, el ala izquierda del conjunto.

Por la entrada principal, el que fue el primer edificio construido, hoy en día centro escolar.

Y a la izquierda de la zona de acceso por el lado mar. Entre los dos edificios mostrados surgió el último del conjunto, impulsado por Cambó, para modernizar las instalaciones hospitalarias.

Franqueado por un túnel el edificio de Cambó, una foto que no tiene otra justificación de que sirve para mostrar las enormes dimensiones del conjunto. A la derecha e izquierda hay pabellones (que se ven en las dos siguientes fotografías y se unían entre sí por túneles subterráneos. Al fondo, el edificio de las cocinas (con la chimenea) y, rompiendo el perfil medio, el hotel Princesa Sofía -ahora sólo Sofía- de la Diagonal.

Desde el mismo punto, los pabellones de la derecha.

Y la conexión por puente de los edificios de fachada con los de la izquierda.

Las cocinas.

Una de las que fue edificaciones de servicios, convertida en el (en activo) archivo histórico de la Maternitat. Aquí hay que acudir si se quiere saber de una madre que pasará por estas instalaciones.


La morgue, hoy ya con otra función.

El “Pabellón azul”, con los trazos típicos de Goday.

Una foto que nos enseñó la guía. Centrado en lo único preexistente entre los campos agrícolas, el cementerio de Les Corts, va bien para ver todo el recinto original, un poco más atrás. Lo que me extraña es que, supongo que por la escala resultante de la foto, no se vean las dos Marias de su alrededor aún hoy existentes.
 

sábado, 21 de octubre de 2023

Los comedores de la SEAT

Parte de los pabellones, envueltos de vegetación, con el estanque hoy en mantenimiento.

Se me acumula el trabajo. Estoy como por la mitad de las fotos que quiero colgar del Japón y, como quien dice, iniciando las de la Umbría, no he acabado el mini-itinerario por Sant-Ramón/Maternitat y voy y me lanzo ahora a reproducir lo visto y aprendido esta mañana sobre los Comedores SEAT, de Ortiz de Echagüe y compañía, gracias al 48 horas Open Barcelona.
He salido contentísimo de la visita, sobre todo porque venía guiada por un joven arquitecto -no sé su nombre- que está haciendo ahora su tesis de doctorado sobre arquitectura industrial de los años 50 y ha dirigido una primera visita, con introducción previa apoyada en fotos, del todo sobresaliente.
Hacía bastantes años que quería ver los comedores, creo que desde que vi las fotos que hizo un afortunado que los pudo ver y lo comentó por aquí. Creo que fue Carme Grandas, aunque no estoy seguro.
Me he llevado una sorpresa grande al ver que están en uso por la propia SEAT (con lo que por el momento no parecen peligrar) y por la cantidad de elementos singulares, es decir, únicos, que contienen, dentro de una arquitectura que ya era en la época, y no digamos en España, excepcional.
Para no abusar, colgaré hoy sólo unas pocas fotos, la mayoría parte de las proyectadas previamente a la visita, y hablaré únicamente de lo que he retenido sobre las circunstancias históricas que llevaron a esta obra, tan notable para la arquitectura moderna de por aquí.
Un primer personaje fundamental en la historia de estos edificios es José Ortiz Echagüe, quien fue fotógrafo de renombre, militar, piloto de aviación …y presidente de la empresa aeronáutica CASA y de la automovilística SEAT, ambas desde su fundación.
El primer coche SEAT salió de la fábrica de Barcelona en 1953, y para el diseño de esta fábrica (ha dicho el monitor que hecha a imagen y semejanza de la de Fiat, aunque supongo que sólo en cuanto a concepto de recinto global), Ortiz de Echagüe pensó en Miguel Fisac (ver foto edificio acceso, hoy destruido).
Un hijo de Ortiz-Echagüe, César, pidió a su padre participar en esa gran obra y éste le dio a hacer, acompañado de un par de arquitectos ya experimentados -Manuel Barbero Rebolledo y Rafael de la Joya- el proyecto de los pabellones de los comedores para los trabajadores.
Cesar Ortiz Echagüe tuvo como referencia la arquitectura norteamericana moderna que entonces salía por las revistas de arquitectura, como la de Richard Neutra, y a un Mies Van Der Rohe al que años más tarde intentó emular con los edificios de la plaza Cerdà, hoy dramáticamente echados a perder.
El concepto básico que los arquitectos buscaron para los pabellones fue el de transparencia y ligereza y otro fundamental, su integración con la naturaleza. Por eso los diferentes comedores (ver plano, en el que el número 1 corresponde al comedor de los invitados, el 2 al de los ingenieros, el 3 al de los jefes y el 4 y 5 al de los trabajadores) estaban rodeados de jardines a los que dirigían los frentes de cada uno, cubierto por una superficie de cristal y unas lamas que podían abatirse en función del sol.
Según nos han explicado, al ser los terrenos muy inestables, un cálculo de cimientos a base de pilotes necesariamente muy profundos aupaba esta partida hasta el 50% del presupuesto total. Fue entonces cuando Ortiz-Echagüe padre aconsejó a su hijo trabajar con aluminio, al que estaba muy acostumbrado por ser éste el material de los hidroaviones que fabricaban en CASA.
Pilares, lamas (estilo alas de avión, que se plegaban o desplegaban con el mecanismo del tren de aterrizaje) y techo, así como otros elementos, se hicieron en aluminio, ofreciendo de ese modo una ligereza real a todo el conjunto asombrosa. Solo los muros posteriores eran de ladrillo (“alumino: ligereza y actualidad. Ladrillo: cerramiento y tradición”, decían en la memoria del proyecto), lo que quizás fue una suerte, porque llegaron a temer de verdad que una buena ventilada se los llevara volando.
Construido todo con base a un modulo 1,60 (baldosas suelo y plafones techo cuadradas de 40 cm de lado, y todo dispuesto con múltiplos de ese módulo y amueblado con sillas de diseño importadas (las mesas fabricadas aquí imitando lo visto fuera), más que hablarse de su construcción, nos han comentado, debería hacerse de montaje, como puede verse en una foto,en la que un posible obrero de la fábrica, con mono y zapatillas de estar por casa, está con unas novedosas pistolas mecánicas remachando las cubiertas.

Fachada edificio acceso a la Fábrica SEAT (Miguel Fisac), hoy derribado.

Planta definitiva. Los cuadradillos hablan del módulo constructivo. El 5 son las cocinas, que utilizaban vapor de calderas de la fábrica. Desde allí, por el pasillo de arriba se distribuían los alimentos a los diferentes pabellones, que siempre apuntaban visualmente al jardín.


Fijarse en el obrero del extremo inferior derecho y, más concretamente en su calzado…


Desde el exterior, plafones cuadrados originales en uno de los pabellones.

Cubierta ondulada a modo de la ya entonces existente Uralita, pero con el canal más estrecho y en aluminio.



En la parte superior (que no impide la visión de la vegetación de alrededor), lamas que pueden orientarse para proteger del sol. Aquí verticales. En otros pabellones horizontales y en el pabellón orientado al norte no existen.

Manet pa puerta de entrada al pabellón del comedor de trabajadores dibujado por Fisac para el edificio de acceso.

El comedor, hoy en día. Esa rejilla cuadrada del cristal superior es un añadido posterior.

Para el pionero sistema de aire acondicionado, sí las aperturas previstas en los vidrios delanteros y posteriores y la corriente de aire formada correspondientemente no era suficiente.

No sé si se verá muy bien. Puerta doble abatible de acceso al comedor, con gomas como las de los coches.

César Ortiz-Echagüe. Hoy casi centenario, después de hacer las obras que le hicieron famoso, se hizo del Opus Dei y se metió a cura.
 

Por el Camp Nou

Un paso más de la visita a Sant Ramon/Maternitat de Explica’m Barcelona. Un poco más acá de la Fábrica Carner, siguiendo la Travessera de les Corts, llegamos al Camp Nou, que está ahora mismo en plena destrucción y en un cartel que había a la altura de la tercera foto, vi que se llama Spotify Camp Nou.

Lo que era la entrada al recinto, pasada una cafetería, no es que esté muy glamourosa. Continúa habiendo turistas, que van al museo del Barça, como me recordaron, “el más visitado de la ciudad”.

Este edificio como desmontable contiene, además de algo de La Caixa, el museo del Barça. Al fondo de la calle, detrás del semáforo, se acumula una montañismos de ruina, de los escombros sacados del derribo de gradas.

Superando la valla alzando los brazos con la tableta, medio a ciegas, pude hacer ya al lado de la maternidad esta foto de conjunto. Iba en un grupo de gente que se apunta a ver todos los barrios de la ciudad y tuve la imprudencia de preguntar que si era el momento de hacer todo eso, sí era necesario y si no iban a destinar parte de la superficie afectada para viviendas. Se me indignaron. Me lanzaron un “porque se caía”, pese a que yo pensaba que el hormigón resistía bastantes años más, y al final me concedieron que si, que por el lado montaña irían un hotel y no sé qué más.

Desde el recinto de la Maternidad, la antigua Masía del Barça, ahora en desuso, donde tenían a los niños que iban a ser luego estrellas futbolistas, como Iniesta. La calle lleva el nombre de Elizabeth Eidenbenz, la meritoria enfermera de Elne, pero una señora avisó que, cuando acaben las obras, le quieren poner otro nombre. Aventuré si sería Spotify. No me mataron y hasta una pareja se rió.

Allí cerca, otra masía de las que había en la zona aún en pie. Tampoco está en uso. Fue del grupo Husa (la cadena de hoteles del que fue presidente del Barça, Joan Gaspar, que hizo detrás el Hotel Princesa Sofía, ahora Sofía, lo vendió a un fondo inversor y ahora está … no se sabe que harán
 

Los jardines del baluarte de Santa Madrona

Tan intrigado estaba siempre mirando desde abajo su serie de árboles y pensando cómo sería la parte superior del baluarte de Santa Madrona p...