Fue el lunes. Llevamos el estuche con nosotros, y fuimos a probar: "Compré aquí esto, y me dijeron que tenia una garantía eterna...", comenté al chico del mostrador tan pronto como se desembarazó de un turista.
Se llevó sin chistar la pieza en cuestión (que debo confesar que se había desajustado porque le dimos un mal uso) un momento a la trastienda, y al cabo de unos minutos (que aproveché para hacer fotos) ya la tenía en orden. Salió también la señora para darnos explicaciones de por qué había podido fallar, y nos saludamos todos la mar de contentos, hasta la próxima ocasión.
Me da que con una compra en Amazon la gestión -que seguramente nunca habríamos intentado- no habría sido tan agradable. Este tipo de cosas son las que estamos haciendo nosotros mismos que desaparezcan, buscando sólo el precio universal inferior. En esta ocasión yo hasta habría pagado gustosamente por estar en la tienda, observando todo un poco, oyendo los consejos de la responsable, etc.





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