Hace ya tiempo que quería pasar a hacer fotos del nuevo jardín de patio interior del Eixample que, entrando por la calle Còrsega, está limitado también por la de Villaroel, París y Casanova. Ayer me puse a ello, pero salí algo frustrado: Un cochazo de esos tipo tanque que ahora la gente no se abochorna de poseer y conducir bloqueaba el pasadizo de acceso, precisamente una de sus piezas más interesantes, por su estructura, que corresponde a cuando, atravesando un sólido edificio muy peculiar, conducía a unos talleres.
Éste, como otros recientes, salió el otro día por el periódico que se identificaría por un nombre de mujer, ahora no recuerdo cuál. Aún sin sacarle punta al significado de la cosa (la rígida estructura del Eixample esconde en su interior delicados jardines), parece de justicia, para compensar que en toda la trama del barrio ni una sola calle tenga nombre de mujer.
Por lo demás, me sorprendió en éste su amplitud, y hasta su nutrida vegetación, así como los enormes paredones que lo circundan, difíciles de camuflar, sin ser en este caso muy interesantes por arquitectura o estructura.
Ésta iniciativa de la recuperación de patios interiores de manzana (ya deben haber una cincuentena por lo menos, lo que se dice rápido) es, sin duda, una de las mejores de los últimos años.
Se acabó, con ese coche ahí, la sensación de paso a un espacio abierto.
Tiene delito, la osadía de la gente. ¿Sería de una de las madres que llevaba a su hijo al parque? Sería el colmo, pero no creo. Como había otro -pequeño- al entrar en el jardín, que parecía ser de una empresa, podría tratarse del coche del (desaprensivo) técnico que va a controlar un trabajo.
En frente, cruzando la calle, anexos del Hospital Clínico.






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