jueves, 3 de agosto de 2017

Mural de Miró en el aeropuerto


No creo que ese tío que estaba ahí la otra noche, sentado en la barra colocada para que una maleta no dé involuntariamente un viaje a algún mosaico, haya quedado citado "debajo del gran mural de Miró y Llorenç Artigas" con alguien, porque pese a la cantidad de gente que pasa por ahí, diría que aún hoy pasa bastante desapercibido, y hasta es un gran desconocido. Posiblemente los grupos de turistas low cost (especialidad actual de la terminal) aún no han empezado su trabajo cuando tendrían oportunidad de verlo. Deben estar en su autocar, excitados por la estancia de sol, Ramblas, sangría y jarana que esperan realizar, o recibiendo la bienvenida de su guía, ocupado con marcar las características logísticas y reglas generales de comportamiento durante el viaje, mientras que los que van por libre ya tienen bastante con la búsqueda de transporte hasta la ciudad de sus sueños.
Joan Gardy Artigas, hijo del ceramista y con el que Miró ya haría sus murales posteriores, porque Llorenç Artigas ya no hizo ninguno más, nos explicaba a Martí Rom y a mí, en una monografía (libro y documental) que hicimos sobre él, que "en este mural tuvimos que hacer la hornada de más duración, unas treinta y cinco horas para poder cocer un "blanco-negro". Hubo que hacer 464 hornadas para las 4.865 piezas que lo constituyen. Como era una obra muy grande, nos vimos obligados a hacerla a trozos, porque no cabía toda en el taller. Miró hizo una maqueta muy precisa. Él sólo pintó directamente la estrella."

 

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