La selva que rodeaba y tapaba la casa de la calle Alfonso XII, dándole un aire misterioso, ya ha desaparecido. Adiós a las palmeras tronchadas y adiós a la demás vegetación, arrasada supongo que para que puedan acceder los camiones a las obras que deberán emprenderse en el edificio. Ha cambiado un paisaje, ha cambiado un barrio, hemos cambiado un poco todos los que pasábamos por ahí. A ver si es para bien.
lunes, 12 de diciembre de 2016
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