De edificios así está hecha la imagen que tenemos de la ciudad, y si lo quitasen la Gala Placidia no sería en absoluto lo mismo. Fue mucho tiempo de la Berlitz, luego de Inlingua, y ahora ya sigue ahí sin ninguna relación con el gremio de la enseñanza de idiomas. Hasta el anuncio de su terrado va de otra cosa.
Allí tomé (ya demasiado mayor: ¡ay!) mi primera clase de inglés, en una pausa (demasiado corta: otro ¡ay!) entre el final de mis estudios y mi primer trabajo. Aprovechando su planta redonda el profesor se ponía a recorrer rápida y aceleradamente el aula alrededor de nuestra mesa, en círculos casi perfectos. "I go around the table". Las dos amas de casa lo miraban preocupadas, mientras yo lo hacía divertido, viendo a continuación cómo la guapa quinceañera -¿Pilar, se llamaba? ¿Qué habrá sido de ella?- mostraba, feliz, su amplia dentadura.

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