Cuando Itziar González, en su "Per no perdre peu" (Comanegra), llega a tener que comentar los cambios en la plaza Cucurulla, se vuelve cáustica. Y, con su causticidad, trasmite muy bien cuál es el óxido que corroe buena parte del centro de Barcelona.
Explica que las jardineras del centro de la plaza esconden, debajo, la huella del ex-alcalde Pascual Maragall, cuando vino a inaugurar la zona peatonal (recuerdo las discusiones enormes que hubo por todo ello). Y que, ya trasladado fuera del barrio el Cercle Artístic de Sant Lluc "y sus sesiones de dibujo de modelo, y desaparecidos los vecinos y los maniquíes, -y ahí es cuando no puede más, y lo suelta- la huella se convertirá sin duda en el único trazo imborrable de la figura humana en este lugar".
(La foto de la plaza Cucurulla la he sacado de Panoramio, constando Antonio Guillén como su autor)

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