Llego, en el proceso de lectura de "Barcelona, pam a pam", a la calle Fernando, el carrer Ferran. En su "Per no perdre peu", Itziar propone no "hacerse mala sangre", y entretenerse en distinguir, entre las maderas del pub irlandés de turno, las correspondientes a las auténticas del viejo comercio tradicional masacrado.
La calle Fernando fue la más elegante calle burguesa barcelonesa del siglo XIX, y sus comercios se adecuaron a la moda modernista, logrando una conjugación visible aún en los años 70, y alabada por Cirici. Hoy casi sólo queda, de todos esos comercios que daban carácter a esa zona, "El Ingenio", la tienda y taller de cabezudos, juegos y caretas, y duele pensar que casi todos ellos han desaparecido en unos pocos años.
Itziar se lamenta, diciendo que quizás una catalogación y preservación por parte del Ayuntamiento habría podido evitar la desaparición. Pero no creo yo que con medidas coercitivas se hubiera logrado mantener ese tejido en condiciones, vivo. La banalización es el resultado del sistema imperante. Un sistema en búsqueda del dinero fácil (las famosas "oportunidades de negocio"), que ha trasmitido esa tontería de que todo cambio es bueno.
Y ahora, a esperar por aquí calificativos de reaccionario. Yo creo que no lo soy, per en fin...

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