martes, 29 de enero de 2013

Juanito


Pero la visita cultural insuperable de hoy ha sido a la hora de comer. Hacía muchos años que me debía un Pinotxo, en el puesto de la Boquería, que siempre está lleno. Hoy he enrolado (en realidad lo ha propuesto él) a un amigo que está a régimen, lo que le coloca como partenaire perfecto para la ocasión, y nos hemos lanzado. Amparados y puestos bajo la protección de Juanito, que nos ha sentado en sendos taburetes a su vera, hemos comido:
- 1/2 ración de callos
- 1/2 ración de cap i pota
- 1/2 ración de garbanzos
- 1 tomino sobre un lecho de patata que tenía la consistencia crujiente de un milhojas
- 1 croissant caramelizado
- 1 xuxo
- Vino tinto (crianza) a discreción
- 2 cafés solos
La protección de Juanito nos ha supuesto dejar la nota global en 38 euros. Y a silbar -sin mucho fuelle- por las Ramblas, que no han resultado, por una vez, territorio hostil.
(La foto de Juanito la he sacado del blog Gidgebitos, y la de la media ración de "cap i pota", del blog "La felicidad es mejar")


 

jueves, 24 de enero de 2013

La Casa Gralla


Oí decir a Lluís Permanyer que esto de llamar "Palau" (palacio) a cualquier edificación más o menos grande, como tanto se estila en Barcelona, es algo relativamente reciente. A mi, la verdad, me provoca un poco de sonrojo esta utilización tan extendida del término, que achaco a comportamiento de nuevos ricos...
Permanyer añadía que al único edificio de la Barcelona antigua al que se le calificaba de "Palau" era a la Casa Gralla.
Pues bien: La Casa Gralla fue derribada a mitad del s.XIX, pero, curiosamente, ayer pude ver su esbelto patio de transición gótico/renacentista, residente en un inopinado edificio de L'Hospitalet de Llobregat. Eso ha podido ser después de uno de esos estrambóticos viajes a los que nos tienen tan acostumbrados las piedras de nuestra ciudad.
En la imagen (algo borrosa, porque excede el DIN A-4, tamaño del visor de mi escáner), un dibujo -efectuado por Josep Maria Vivas- del patio.
Ya pondré alguna fotografía de las que saqué.

 

viernes, 18 de enero de 2013

Plaça Cucurulla


Cuando Itziar González, en su "Per no perdre peu" (Comanegra), llega a tener que comentar los cambios en la plaza Cucurulla, se vuelve cáustica. Y, con su causticidad, trasmite muy bien cuál es el óxido que corroe buena parte del centro de Barcelona.
Explica que la dinámica comercial del Portal de l'Àngel (con tiendas que, abiertas permanentemente a la calle, a la que endosan su estridente música, acentúan el carácter de galería comercial del conjunto) ha invadido también esta zona.
Explica que las jardineras del centro de la plaza esconden, debajo, la huella del ex-alcalde Pascual Maragall, cuando vino a inaugurar la zona peatonal (recuerdo las discusiones enormes que hubo por todo ello). Y que, ya trasladado fuera del barrio el Cercle Artístic de Sant Lluc "y sus sesiones de dibujo de modelo, y desaparecidos los vecinos y los maniquíes, -y ahí es cuando no puede más, y lo suelta- la huella se convertirá sin duda en el único trazo imborrable de la figura humana en este lugar".
(La foto de la plaza Cucurulla la he sacado de Panoramio, constando Antonio Guillén como su autor)

 

domingo, 13 de enero de 2013

Calle Fernando


Llego, en el proceso de lectura de "Barcelona, pam a pam", a la calle Fernando, el carrer Ferran. En su "Per no perdre peu", Itziar propone no "hacerse mala sangre", y entretenerse en distinguir, entre las maderas del pub irlandés de turno, las correspondientes a las auténticas del viejo comercio tradicional masacrado.
La calle Fernando fue la más elegante calle burguesa barcelonesa del siglo XIX, y sus comercios se adecuaron a la moda modernista, logrando una conjugación visible aún en los años 70, y alabada por Cirici. Hoy casi sólo queda, de todos esos comercios que daban carácter a esa zona, "El Ingenio", la tienda y taller de cabezudos, juegos y caretas, y duele pensar que casi todos ellos han desaparecido en unos pocos años.
Itziar se lamenta, diciendo que quizás una catalogación y preservación por parte del Ayuntamiento habría podido evitar la desaparición. Pero no creo yo que con medidas coercitivas se hubiera logrado mantener ese tejido en condiciones, vivo. La banalización es el resultado del sistema imperante. Un sistema en búsqueda del dinero fácil (las famosas "oportunidades de negocio"), que ha trasmitido esa tontería de que todo cambio es bueno.
Y ahora, a esperar por aquí calificativos de reaccionario. Yo creo que no lo soy, per en fin...

 

Sombrerería Mill

La veterana sombrerería Mill, en contra de mis más negros augurios, ha vuelto a su sitio original en la calle Fontanella después de las obra...