Ya sé que no se debe estar dando la tabarra siempre con lo mismo, pero lo haré una vez más:
El hotel Presidente me caía hasta simpático, con sus aspiraciones de rascacielos años 60 neoyorkino limitadas por el entorno local. Su estructura y diseño, vencida esa intención algo provinciana, se me aparecían como discretos y elegantes, bien pensados y dibujados.

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