En un día de esos de talleres abiertos estuve en el piso de una antigua fábrica de las del Raval.
Ahí estuve viendo y hablando con una gente que se dedicaba artesanalmente a hacer rótulos en cristal, como los que hace setenta años proliferaban y como el que puede verse, por ejemplo, en esta zapatería -que vende, más que nada, zapatillas- del Eixample.
Un detalle que ayudaba a hacer únicos los locales a los que identificaban.

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