Con eso de que en casa se impone la obligatoriedad de ir a pie hasta las bibliotecas, he tardado un montón en visitar la Garcia Márquez, que me cae francamente lejos.
Vista desde fuera es un cuerpo extraño venido del espacio y situado detrás de una enorme y también moderna sede de la Policía Nacional, que (ambos) cuesta asimilar, y no sé si su entrada principal está muy bien resuelta, pero hay que reconocer que recorriendo sus plantas lo que destaca es lo confortable que debe ser para sus usuarios y el placer estético que -alguna bochornosa jardinera al margen- produce. O quizás ambos aspectos estén relacionados.
Al fondo, tumbonas y hamacas, para lectura indolente.
Retrocediendo un poco.
Desde la planta superior.
En la planta baja, esos nuevos espacios buscados por unas bibliotecas que buscan su futuro: cocina, radio,…
Han subido un poco el estante inferior de los módulos, que se ve que se hacía de difícil acceso.
En todas partes, sitios donde sentarse en tranquilidad, en cada lado con asientos diferentes, adaptados al rincón.











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