La calle Freser continúa con la de Concepción Arenal que, ahora mucho más amplia y rodeada de edificios más nuevos, nos llevará hasta, cruzando la Meridiana, Sant Andreu.
Antes de eso, un barrio de la Obra Sindical del Hogar pero de la inmediata postguerra, con estilo más rural de lo que vendrá después; un espectacular club de petanca que parece una bolera de los años 50; sólo una única casa de principios del XX y el protagonista absoluto del tramo, el Canódromo Meridiana (poca broma: de Antoni Bonet Castellana), ahora convertidas sus pistas -de las que queda solo la traza- en un parque urbano y el edificio, una vez muerto de bochorno el Centro de Arte que hasta trajo a un director extranjero mediante un concurso, en un misterioso laboratorio de proyectos inmateriales de esos raros que ocupan venga edificios del ayuntamiento.
La Urbanización Meridiana, con casas unas más altas que otras, pero tirando al estilo rural que predominaba en el principio de la Obra Sindical del Hogar. Ahora todo el recinto está cerrado para los ajenos.
Enfrente, el Club de Petanca, por todo lo alto.
Una única casa recuerda como debía ser la cosa.
La calle transversal descubre otro tipo de edificación aún superviviente.
Y el Canódromo.
Tomándolo con perspectiva, desde la Calle Concepcion Arenal. Las pistas convertidas en parque público.
Las gradas.
Intentando atisbar el interior, cerrado al pasar. Pero era sábado.









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