Hoy me he despedido de El Corte Inglés. O al menos de éste. Nunca me gustó la cadena. Desde que apareció me resultó de dudoso gusto y no entendía la pasión que desataba, pero dado el bajón general de calidad y sobre todo diversidad de la competencia, pasé a frecuentar su supermercado en busca de cosas que no se encontraban por otros lados. Incluso en alguna ocasión, tras desesperar de encontrar un regalo de cualquier tipo adecuado, había comprado por algún otro de sus departamentos, aprovechando eso que tan bien divulgaron de que admitían todas las devoluciones.
Éste en particular, creo que obra de Josep Martorell, de Martorell/Bohigas/Mackay, es el único edificio de la marca que no me repatea el estómago. Parece ser que salió mucho más caro que los habituales búnkeres que lo caracterizan y nunca más repitieron la experiencia. Ahora dicen que después de Reyes, tras la venta efectuada hace un par de años, lo convertirán en oficinas. Extraño destino, ahora que el trabajo on line parece dibujarse como el futuro.
En el supermercado, para que los clientes no se vayan con la sensación de unas estanterías vacías y cunda el pánico en las ventas, están procediendo a quitar el estante superior de cada bloque. Así, van disminuyendo el género disponible, pero gracias a la concentración del resto, sigue dando la impresión de lleno.
Como no llevaba cámara, he tenido que buscar por la red, confirmando que no es verdad que ahí está todo lo que buscas. Yo habría hecho la foto desde el lado mar/Besós del chaflán Buenos Aires/Villarroel, pero me he tenido que conformar con ésta de la fachada de la Diagonal, es verdad que desde un ángulo no habitual, que aparece en la web de MBM Arquitectes.

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